Ese momento fatal en que después de apretar "Send" te das cuenta de que ese mensaje no era para el destinatario hacia el cual está viajando ya mismo, con esa inevitabilidad de la tecnología que nos rodea, mientras se te congela la respiración, mientras te ponés pálida y pensás: "¿CÓMO PUEDO SER TAN BOLUDA??".
Una broma entre compañeros de oficina llegó a las manos de un medio-jefe. El medio-jefe llamó 45 minutos después de haber recibido ese mail que no era para él. No hizo mención al mismo, pero no hizo falta. Ese raro llamado (este medio-jefe no llama casi nunca) fue su manera de decir: "Lo leí. No voy a decir nada al respecto, pero sufran sabiendo que me llegó".
Siempre encuentro la forma de superarme a mí misma.
jueves, 15 de agosto de 2013
martes, 13 de agosto de 2013
Los desvaríos
Muy de vez en cuando, particularmente cuando el teléfono suena en horarios inesperados, pienso que otra vez comenzamos con la espiral de la locura y me desespero. Se me frunce la boca del estómago y el corazón tira dos o tres latidos más acelerados de lo normal, pero después me controlo y todo vuelve de a poco a la normalidad, sobre todo cuando escucho la voz de mi papá en un tono tranquilo, que me cuenta que se fue a comprar libros, o que fue al gimnasio, o que recién llega de sus clases de griego, y entonces ahí siento que todavía no, que podemos descansar en la idea de "normalidad" un rato más.
Eventualmente el llamado llega, ya no tan sorprendente ni tan alocado, pero en ese registro diferente que más o menos puedo reconocer, y él también. Papá se ocupa de todo. De hablar con su psiquiatra, de discutir las dosis en la medicación, aun de tranquilizarme diciendo que ya se siente mejor, que la angustia pasó, que el desasosiego también.
Creo que nunca va a dejar de sorprenderme la lucidez que conserva aun cuando se le apaga la luz.
Eventualmente el llamado llega, ya no tan sorprendente ni tan alocado, pero en ese registro diferente que más o menos puedo reconocer, y él también. Papá se ocupa de todo. De hablar con su psiquiatra, de discutir las dosis en la medicación, aun de tranquilizarme diciendo que ya se siente mejor, que la angustia pasó, que el desasosiego también.
Creo que nunca va a dejar de sorprenderme la lucidez que conserva aun cuando se le apaga la luz.
lunes, 12 de agosto de 2013
Contando votos
Ayer me tocó ser "autoridad de mesa" en las elecciones de pre-candidatos a senadores y diputados. Me sorprendió que me citaran; primero, porque nunca me había ocurrido hasta ahora, y, segundo, porque a mi mamá la citación le llegó tanto antes que a mí, que para cuando cayó el telegrama en mi casa yo ya estaba relajada de la vida pensando que había zafado una vez más. Error.
La primera reacción fue pánico; la siguiente, malhumor; la tercera, aceptación pero con nervios, un proceso medio raro que me llevó a concurrir, obedientemente, a la charla de capacitación que ofrece la cámara electoral.
Lo peor fue tener que levantarme un domingo a las 6.30 am por razones ajenas a mi voluntad. Por lo demás, estuvo muy bien; es más: tengo que reconocer que me gustó participar. Mejor así, porque según reza el mito urbano, una vez que te llaman ya no dejan de hacerlo.
Habiendo estado del otro lado del mostrador, tuve la oportunidad de comprobar en carne propia que la gente responde de acuerdo al estímulo con el que se la interpela; por esta razón, traté con mucha amabilidad a las 285 personas que pasaron por mi mesa, hice todos los chistes que pude y, en general, me esforcé por hacer que fuera un momento ameno para todos (fundamentalmente para mí, que tuve que estar en la escuela desde las 7 de la mañana hasta las 8.30 de la noche). El resultado fue que no tuvimos un entredicho con nadie, todo el mundo (o casi) devolvió la amabilidad, y la jornada en general fue mucho menos dura de lo que me imaginaba.
Después vino la etapa del recuento de votos. Ahí se juega la política, es el momento en el cual uno siente y comprende realmente lo que está haciendo y la responsabilidad con la que carga. Algo de adrenalina; 100% de atención puesta en los papelitos de colores, a pesar del cansancio arrastrado del día; alguna discusión con un fiscal demasiado metido, con otro que pretende que le firme planillas en blanco, pavadas.
Más tarde aún, al término del día, esa sensación de orgullo, de alegría, de que participaste de algo colectivo e importante, y el enorme cansancio que te invade, como una manta que te cubre de a poco.
La primera reacción fue pánico; la siguiente, malhumor; la tercera, aceptación pero con nervios, un proceso medio raro que me llevó a concurrir, obedientemente, a la charla de capacitación que ofrece la cámara electoral.
Lo peor fue tener que levantarme un domingo a las 6.30 am por razones ajenas a mi voluntad. Por lo demás, estuvo muy bien; es más: tengo que reconocer que me gustó participar. Mejor así, porque según reza el mito urbano, una vez que te llaman ya no dejan de hacerlo.
Habiendo estado del otro lado del mostrador, tuve la oportunidad de comprobar en carne propia que la gente responde de acuerdo al estímulo con el que se la interpela; por esta razón, traté con mucha amabilidad a las 285 personas que pasaron por mi mesa, hice todos los chistes que pude y, en general, me esforcé por hacer que fuera un momento ameno para todos (fundamentalmente para mí, que tuve que estar en la escuela desde las 7 de la mañana hasta las 8.30 de la noche). El resultado fue que no tuvimos un entredicho con nadie, todo el mundo (o casi) devolvió la amabilidad, y la jornada en general fue mucho menos dura de lo que me imaginaba.
Después vino la etapa del recuento de votos. Ahí se juega la política, es el momento en el cual uno siente y comprende realmente lo que está haciendo y la responsabilidad con la que carga. Algo de adrenalina; 100% de atención puesta en los papelitos de colores, a pesar del cansancio arrastrado del día; alguna discusión con un fiscal demasiado metido, con otro que pretende que le firme planillas en blanco, pavadas.
Más tarde aún, al término del día, esa sensación de orgullo, de alegría, de que participaste de algo colectivo e importante, y el enorme cansancio que te invade, como una manta que te cubre de a poco.
jueves, 8 de agosto de 2013
Quién sabe
Después de todo, quién puede estar tan seguro de lo que
quiere. Yo pasé muchos años diciendo un montón de pavadas, o lo que es peor:
creyendo un montón de pavadas, y de pronto pienso todo lo contrario o
muy/bastante lo contrario. Tal vez creo que quiero algo, pero en realidad solo
se trata de un simple capricho; el clásico berrinche de la que fue hija única
durante sus buenos –casi– ocho años y le niegan la felicidad del caramelo.
Pero para ser francos, ¿quién me asegura a mí que una vez
que lo logre seré feliz?
miércoles, 7 de agosto de 2013
Los mundos posibles
Para un taller bastante espectacular que estoy haciendo, tengo que inventar un mundo. Un mundo con sus propias leyes, su lógica de funcionamiento interna, sus relaciones bien establecidas, sus habitantes congruentes con el entorno; cada detalle debe ser funcional al resto y el conjunto debe ser, además, estético y armónico. Vendría a ser como jugar a Dios o al Big Bang. Y resulta bastante paradójico, porque se comprueba que uno vive pensando cómo las cosas deberían ser, qué estaría bueno que exista o cómo nos gustaría que las cosas funcionen, pero pensarlo en función de un sistema que rompa con los parámetros a los que estamos acostumbrados es, realmente, todo un ejercicio; y no me refiero solo a un ejercicio para la imaginación y la creatividad, sino que se trata también de una especie de gimnasia para la liberación.
Por lo menos, sé que hay un par de estructuras que se van a sacudir un poco a lo largo de estas doce clases.
Por lo menos, sé que hay un par de estructuras que se van a sacudir un poco a lo largo de estas doce clases.
martes, 6 de agosto de 2013
Felipe, Harry y la chochera
Don Felipe y Don Harry se están adaptando bastante bien a su nuevo hogar y nosotros también a su presencia, cosa que por más nimia que pueda parecer, no lo es tanto: es extraño tener otros seres vivos no humanos en casa, con sus propias necesidades, caracteres y tiempos. Sí, creo que llegaron en el momento justo: exagerando un poco podría decir que estábamos a diez minutos de convertirnos en esa gente amarga que solo piensa en sí. El próximo paso sería tener un perro, pero para eso nos falta todavía bastante más tiempo libre, ahora apenas si nos alcanza para un par de cobayos. Les hicimos una casita que es una obscenidad: tremendo dúplex, arriba para dormir, abajo para estar; como son muy chiquitos pusimos una rampa para que puedan subir al primer piso, pero para bajar sí que se dan maña: directamente se eyectan, o bien usan la rampa como tobogán. Es obvio que puedo pasar horas mirándolos.
La cosa es que me veo a mí misma -con un grado de perplejidad bastante asimilable al horror- hablando de "los chicos" en la oficina, en la casa de amigos, parientes, y donde más sea que me pregunten, tímidamente: "¿Y los cobayos?". Basta que yo vea asomar el interés en los ojos de mi interlocutor para que comience a compartir un montón de observaciones acerca de sus hábitos, monerías, ruiditos, gustos y preferencias, que probablemente sean de lo más soporífero para el otro, pero bueno, qué voy a hacer, ¡es más fuerte que yo! Me embalo porque los amo, son unas criaturas de lo más adorables y tan poco exigentes que dan ganas de estarles todo el tiempo encima.
La cosa es que me veo a mí misma -con un grado de perplejidad bastante asimilable al horror- hablando de "los chicos" en la oficina, en la casa de amigos, parientes, y donde más sea que me pregunten, tímidamente: "¿Y los cobayos?". Basta que yo vea asomar el interés en los ojos de mi interlocutor para que comience a compartir un montón de observaciones acerca de sus hábitos, monerías, ruiditos, gustos y preferencias, que probablemente sean de lo más soporífero para el otro, pero bueno, qué voy a hacer, ¡es más fuerte que yo! Me embalo porque los amo, son unas criaturas de lo más adorables y tan poco exigentes que dan ganas de estarles todo el tiempo encima.
viernes, 2 de agosto de 2013
De continente a contenido y viceversa
"Piensa en la situación, por ejemplo,
cuando sacas la última bolsa de basura de su caja:
tienes que tirar la caja poniéndola en esa última bolsa.
Lo que era contenido, tiene que contener ahora.
Lo que contenía, se vuelve lo contenido, lo envuelto, lo sostenido".
Lorrie Moore
Cómo hablar con tu madre
Esta me parece una hermosa y sencilla manera de reflexionar acerca de un tema tan complejo como el del envejecimiento de los padres; me encanta la manera suave y algo distante, objetiva, en que describe cómo los viejos se van poniendo cada vez más dependientes, más sumisos, menos cuestionadores, más hijos de los hijos que padres de las bolsas. No siempre esto sucede, no en todos los casos. A mi me toca, un poco. Pero la cosa tiene sus épocas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)