viernes, 16 de mayo de 2014

"Un poco de normalidad"

Eso me pidió IC, con la voz entrecortada, antes de anoche.
"La panza está acá y crece redonda, divina. Disfrutemos esto, disfrutemos las putas tres horas diarias que podemos vernos, riámosnos... No sé, paremos un poco de hablar de médicos, operaciones, enfermedad y angustia, volvamos a ser un poco nosotros porque todavía falta mucho y no podemos seguir así", me tiró sin respirar, entre bocados de una cena que no nos pasaba por la garganta. Mi primer reacción fue, digamos, una mezcla entre la sorpresa, la ofensa y el enojo; me sentí un toque herida. Después procesé y entendí que no me pedía que no habláramos de Emilia, sino que me pedía que habláramos de lo hermosa que va a ser, de cuánto la vamos a disfrutar y amar, de lo suave que se mueve en su mundo de agua dulce. Pero también de cómo terminó el capítulo de Mad Men de ayer, o del pago de las expensas, o de la comida de los cobayos, o de la última novedad de la oficina.
Y sí, tiene razón: no tenemos que dejar de ocuparnos del tema, pero sí impedir que nos absorba por completo, que nos robe la alegría o que nos prive de vivir plenamente lo bueno que sí está pasando, a pesar de que -inevitablemente- el monotema va a ser nuestro decorado de fondo durante los meses que quedan.
Para cuando IC llegó anoche yo ya tenía todo esto más masticado y algo digerido, así que por suerte la cosa fluyó. Preparamos unos ricos fideos con brócoli, miramos tele y cerramos la noche llorando de risa por una imitación suya que me resultó hilarante. Fue tanto lo que me reí que tuve que correr al baño para que no se me escape una gota de pis (esto sí que no me pasaba antes).
Supongo que esta es la famosa montaña rusa de emociones de la que hablan todos los que ya estuvieron en nuestro lugar. 

jueves, 15 de mayo de 2014

Soy chota

Sí, me llegó el día de sentirme una persona de mierda, una amiga de mierda: ayer N. me escribió ni bien salió del scan fetal que todo salió perfecto, que espera un varón que está óptimo, y me invadió la alegría y el alivio por mi amiga y su bebé, pero también el dolor agudo y punzante de la envidia, el deseo frustro de estar en ese lugar de bienestar y felicidad despreocupada, y no inmersa en la nebulosa de dudas, hipótesis e indefiniciones en la que estoy nadando desde hace dos semanas.
Creo que el eje de esta sensación abrumadora y contradictoria viene del hecho de que el novio de N. tiene una malformación congénita en el corazón: lo tiene del lado derecho, y tiene un par de arterias que no se sabe bien para dónde van. O sea: tienen riesgo de tener un hijo con cardiopatía. No tanto como si fuera la madre la del problema, pero tienen. Por el contrario, nosotros no tenemos antecedentes, supuestamente no teníamos más chances que las que el azar nos quiso dar. Y acá estamos. Eso es lo que me desequilibró. Ni siquiera me atrevo a pensar que lo que quisiera es cambiar lugares porque NO, de ninguna manera quisiera que a ella le vaya mal, pero fue la única situación hasta ahora que me llevó a la inconducente pregunta de "¿Por qué a nosotros?". Dos minutos después me sentí asqueada. Asqueada y cansada de mí, de esa clase de pensamientos, de mi mezquindad, de la situación, del agotamiento de no haber transitado ni un día desde el 25 de abril sin haber llorado aunque más no sea un minuto.
Después me consolé pensando que es normal, que soy humana, que sería la madre Teresa de Calcuta si ni siquiera me atreviera a pensar en lo injusto que es todo. Porque sí, siento que esto es injusto, que estuvimos un montón de años intentando llegar hasta acá, que fueron muchas frustraciones y muchos meses vacíos, que hubo un bebé que no pudo seguir y que avanzamos aun con ese pequeño duelo mediante, que luego le pusimos el cuerpo, el alma y el bolsillo a un tratamiento que no funcionó y que finalmente cuando todo parecía terminar en el happy ending que creí que merecíamos, zas, nos cae este balde de cubitos encima.
Me sentí abrumada y abatida.
Por eso cuando salí de la oficina me fui a pasear. Caminé por ahí y compré una libretita monona para Emilia, para ir anotando todos sus turnos y sus doctores y sus teléfonos, y también para recordar todo lo que va pasando, con la esperanza de que algún día pueda leerlo a la distancia y esbozar una sonrisa amarga y aliviada. Y también me regalé mi primer momento de gorda embarazada: me fui a un lindo bar y pedí un cafe con leche mitad y mitad con una enorme porción de cheesecake rebosante de frutos del bosque que caían por doquier. Y así, entre cucharadas y emociones, volví lentamente a sentirme yo.

miércoles, 14 de mayo de 2014

El cirujano

Nos mostró un póster con formas de corazones normales y anormales y trató de explicarnos qué es lo que tiene Emilia haciendo un rejunte de problemas. "Es muy complejo, es muy serio, pero nosotros vamos a dar todo por ella", nos dijo, y eso es todo lo que necesitaba oír. Para él era una mala noticia tener que decirme que la iban a operar tres veces (la primera a los pocos días de nacida, la segunda a los cinco o seis meses y la tercera alrededor de los dos años y medio), pero en la realidad paralela en la que yo vivo desde que me enteré de su cardiopatía lo que escuché decir es: "lo vamos a intentar", "no todo está perdido", "no es una opción sentarnos de brazos cruzados a verla morir", y fue realmente un gran alivio sentir que alguien tan sereno sentado frente a nosotros sabe exactamente qué es lo que hay que hacer. Así que cuando salí del consultorio lloré como siempre que salimos de alguna consulta que concierne a mi luciérnaga, pero solo para aflojar tensiones, para relajar y sacar esos nervios y ese miedo que se me habían acumulado disimuladamente, esa preocupación frente a un potencial "no hay nada para hacer" que por suerte no oí. 
Después me fui a mi casa, me recosté sobre la cama, puse sobre mi panza la piedra de cuarzo rosado para el corazón que nos dio mi hermana y me dediqué, feliz, a ver como mi Emilia la pateaba hasta hacerla saltar.
Seguimos ♥

lunes, 12 de mayo de 2014

Las coincidencias

Fue muy loco descubrirme googleando "Emilia", "Canciones para Emilia" y toparme con este tema tan hermoso, tan oportuno, tan adoptable.
Emilia, ya tenés tu canción ♥





miércoles, 7 de mayo de 2014

La frase y el ovillo que se desata

"Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción". Leí esta frase dando vueltas por Facebook y me pareció increíblemente realista: no es que uno sea fuerte como una virtud propia, sino que las circunstancias nos empujan hacia adelante, nos obligan a avanzar, a limpiarnos las lágrimas y a seguir. Estos días Emilia se mueve más que nunca y me obliga a reírme, me obliga a hablarle y a contarle que acá afuera la estamos esperando con: un montón de amor, dos cobayos interesados, cientos de velitas prendidas, árboles y viento y sol, sonidos increíbles, una colchita suave que le tejí y tantas más cosas que le voy enumerando de a poco. Y le cuento que le estoy pintando un cuadrito de un caballero valiente que escala una pared para que sepa que nunca tiene que rendirse, y que si supiera dibujar de verdad lo habría creado y no calcado, y hubiera dibujado una doncella y no un varón, pero bueno, mamá tiene grandes limitaciones estéticas. Y le canto, y la pienso, y me imagino su corazón sanando de a poco.
Mientras tanto, afuera nuestro los círculos se van cerrando de manera increíble, y de pronto aparece la compañera de trabajo del marido de una amiga que te dice a través de esta larga cadena que su hija también pasó por esto y te brinda generosamente su celular y el del cirujano primero y del cirujano segundo y sentís que las puertas se abren y el ovillo se desata, y que todo esto no puede más que terminar bien.
Seguimos avanzando ♥

martes, 6 de mayo de 2014

Un fin de semana a puro asado y el lunes después

Hace ya tiempo habíamos quedado con mi amiga N. en encontrarnos en algún lugar de Córdoba para pasar juntos, con su novio + IC el fin de semana largo del 1º de mayo; terminamos reservando una cabaña muy linda en Los reartes, cerca de Villa General Belgrano. Después de depositada la seña vino todo lo que vino y estuvimos dudando acerca de si ir o no ir. Finalmente optamos por ir y pasarla lo mejor posible en vez de quedarnos en casa y darle la vuelta entera a nuestro nuevo monotema, y resultó que hicimos muy bien, porque pasamos unos días hermosos rodeados del afecto de nuestros amigos, sumidos en un paisaje insuperable, a puro asado (y Fernet, en el caso de IC), con caminatas por el río y, por supuesto, mucha lágrima, mucha charla, mucho abrazo. Después volvimos, y acá nos esperaba la realidad, con las malas noticias a las que últimamente nos tiene acostumbrados. A las 8.30 del lunes tuvimos una consulta en La Plata con un cardiólogo experto en ecocardiograma doppler fetal capo capísimo que con una cancha absoluta en 15 minutos vio lo que a otros les llevó 3 horas, y nos cantó la posta que nadie quería escuchar: sí, es un problema congénito muy grave, con alta tasa de mortalidad; no, no es genético, estos casos se dan uno en 10.000 ponele, y nosotros fuimos los ganadores de la lotería; se desconocen las estadísticas de la mortalidad en el vientre materno y demás frases que aun dichas con extrema calma y dulzura tuve que escuchar apretándome el pañuelito de papel contra los ojos. También dijo que en cardiología todo es quirúrgico, es decir, todo se puede operar. Quiere decir: no la van a dejar morir. Quiere decir: todo depende de la resistencia de mi Emilia, la pequeña y gran Emilia, la guerrerita, la luchadora.
El martes próximo tenemos una primera entrevista con un equipo de cardiólogos de cirujía infantil. Estamos en carrera ♥

miércoles, 30 de abril de 2014

Enfrentar

Ya pasó lo peor: la sorpresa, el baldazo de agua fría, el volcán de emociones, el miedo inaguantable. Ahora sigue el miedo, pero ya tamizado por la razón y, sobre todo, por la aceptación del nuevo escenario. Resistirse, luchar contra la idea de lo que nos está pasando no hace más que complicar las cosas, volver cada minuto más doloroso, y acá el tema es sufrir lo menos posible.
Emilia tiene tres problemas en el corazón. No entiendo los detalles ni las precisiones médicas, que me superan, solo sé que es una cardiopatía congénita grave. Pero está viva, y aparentemente va a estarlo hasta su nacimiento, porque todo lo demás está perfecto. Así que después de estos días que nos tomamos de licencia para llorar y hacer el duelo de nuestras fantasías nos estamos rearmando con toda la fuerza del mundo para pelearla hasta el final.
Emilia eligió venir a esta vida y resistir; no vamos a ser justamente nosotros quienes bajemos los brazos.