Desde aquella rotunda negativa inicial de no querer tener ni comprarle nada a la gorda "por si las moscas" fui cambiando de postura -en gran parte gracias a las charlas con amigas y los comentarios que me dejaron acá- hacia una mayor flexibilidad que me permitió tener lo indispensable para esperarla. Porque hice hincapié en eso, en esperarla; no en dejar librado al azar si viene o no viene y que sea lo que la vida quiera, sino en actuar con el convencimiento que me nace del corazón de que ella va a venir y que parte de su existencia tiene que ver con que yo la crea y la imagine y la espere y actúe en el mundo real de acuerdo con todo eso.
La cuestión es que le pedí a IC que traiga el catrecito que una amiga suya nos iba a prestar, con previa aclaración de "Mirá que es para varón, eeeh?". Seh, qué importa, no creo que a Emilia le haga la diferencia si es celeste o rosa; yo mientras la albergue, la arrumaque, la proteja y le regale calor y confort estoy hecha. Al abrirlo, descubrí con amplia sonrisa que tiene un león pintado en la tela que va en la cabecera.
A mi leona, un león le custodiará los sueños.
sábado, 16 de agosto de 2014
jueves, 14 de agosto de 2014
Los últimos días
"Igual vos si llegás a sentir cualquier cosa te venís para el sanatorio", me dijo la doc., arrastrando "cualquier cosa" con énfasis el día que tuvimos el último control, ese en el que puso la fecha para la cesárea. "¿¿Algo como qué??", me salió de pronto y maldije un poco no haber hecho tampoco el curso de preparto. Pero no, no era nada del otro mundo: si siento que la beba no se mueve como siempre, si pierdo sangre roja, si tengo contracciones rítmicas por más de una hora que no se pasan con Sertal... cosas lógicas que hasta una neófita como yo puede descubrir por sí misma. Pero qué voy a sentir, si estoy en mi mejor momento... Duermo como una yegua a pata suelta, como con un gusto infernal, disfruto completamente embobada de esta simbiosis que tiene los días contados; de pronto la siento quieta durmiendo a la par mía y me pregunto si será normal, entonces le hablo un poco y la zarandeo, y ya aparecen sus patitas locas saludando a la vida, Emilia redonda y dulce, regalona de su mamá. No creo que se adelante, me parece que ella está tan cómoda como yo.
Llegamos a la última semana, la recta final de este camino que se me abrió como una sorpresa inesperada y TAN ansiada aquel 20 de diciembre, con una beta de 288. Después, ya seremos declaradamente dos, y dejaré de ser una mamushka para convertirme en canguro y vos dejarás de ser "mía, mía, mía", como te canto cada anochecer, para ser "tuya, tuya, tuya". Y un poco mía, para siempre.
Llegamos a la última semana, la recta final de este camino que se me abrió como una sorpresa inesperada y TAN ansiada aquel 20 de diciembre, con una beta de 288. Después, ya seremos declaradamente dos, y dejaré de ser una mamushka para convertirme en canguro y vos dejarás de ser "mía, mía, mía", como te canto cada anochecer, para ser "tuya, tuya, tuya". Y un poco mía, para siempre.
miércoles, 13 de agosto de 2014
21 de agosto, Leo
Ayer tuvimos turno con la obstetra: aparentemente Emilia nacerá el jueves 21 de agosto! Tenemos reservado quirófano para las 13 hs. Lo ideal para mi médica era que naciera el martes o miércoles de la semana próxima, pero debido al lunes feriado el quirófano estaba más complicado de lo habitual. De todas maneras habló con Neonatología delante nuestro y quedaron en que si era necesario/posible hacer un hueco antes nos avisarían.
Así que tenemos fecha, y va a a ser dentro de Leo, como yo quería :)
Con la noticia nos pusimos muy contentos, y nerviosos, y contentos, y nerviosos, y así sucesivamente, en una espiral en la que se nos mezclan inevitablemente las emociones. Quiero disfrutar cada uno de estos momentitos que nos quedan juntas como mamushkas, grabarlos en mi memoria, tatuarlos en mi alma para poder recurrir a ellos siempre que sienta nostalgia.
Estoy muy emocionada, muy feliz, muy asustada.
Así que tenemos fecha, y va a a ser dentro de Leo, como yo quería :)
Con la noticia nos pusimos muy contentos, y nerviosos, y contentos, y nerviosos, y así sucesivamente, en una espiral en la que se nos mezclan inevitablemente las emociones. Quiero disfrutar cada uno de estos momentitos que nos quedan juntas como mamushkas, grabarlos en mi memoria, tatuarlos en mi alma para poder recurrir a ellos siempre que sienta nostalgia.
Estoy muy emocionada, muy feliz, muy asustada.
lunes, 11 de agosto de 2014
La partera y el marketing obstétrico
No voy a contratar la partera que trabaja con mi obstetra por un montón de razones, entre las cuales me parecen las más importantes las siguientes:
* voy derechito a una cesárea mega programada que tiene en vilo a medio sanatorio
* ya conozco el edificio, la admisión, el lugar donde está el quirófano, donde voy a estar yo, donde va a estar la beba, etc.
* también conozco al personal del servicio de neonatología, a los médicos, al cardiólogo, al cirujano, etc.
* IC puede estar conmigo en todo momento.
No le veo, sinceramente, la utilidad. Ni qué decir que para mí el parto es el medio [para no decir el trámite] por el cual vamos a llegar a lo realmente importante: Emilia y su salud. No tengo posibilidad de hacerme problema por el parto porque tengo un miedo mucho mayor y superador que es lo que viene después. Por otra parte, conociéndome el carácter y las mañas, temo que pueda ser altamente contraproducente para mi humor tener una persona encima en un momento tan delicado, de tanto nerviosismo y emocionalidad al palo.
Lo conversé con IC, con mi obstetra, con amigas que fueron madres; todos coincidieron en que era razonable que me atienda la partera de guardia.
El día del primer monitoreo, la Lic. en obstetricia que me hizo el estudio me preguntó si ya conocía a la partera, y yo le expliqué brevemente todo esto. Me miró con una cara de sorpresa que me asustó. Me hizo sentir una paria, diciéndome que bueno, que las chicas en general se sienten más tranquilas de conocer a la partera con anticipación, de tener un referente, que la partera es la persona que me acompañaría en todo momento, que tendría alguien a quien llamar en cualquier horario para sacarme las dudas, etc. Le contesté que seguramente estas chicas de las que me habla no deben esperar un bebé con cardiopatía congénita y que irían a parto natural, en cuyo caso yo también contrataría sus servicios, que seguramente me serían de mucha utilidad en tal situación, la cual, lamentablemente, no constituye mi escenario. Fin de la conversación.
Me fui de la consulta con un sabor amargo, la semilla de la duda ya estaba instalada. Más tarde, amigas se encargarían de disiparla a los gritos, con argumentos del estilo "a mi me chupaba un huevo el médico, te imaginás la partera, lo único que quería era que me ayuden a liberar a Willy y volvernos a casa" y demás exageraciones que me hicieron reír y volver en mí. Pero qué feo generarle inseguridad a una persona en mi situación por mero corporativismo!
* voy derechito a una cesárea mega programada que tiene en vilo a medio sanatorio
* ya conozco el edificio, la admisión, el lugar donde está el quirófano, donde voy a estar yo, donde va a estar la beba, etc.
* también conozco al personal del servicio de neonatología, a los médicos, al cardiólogo, al cirujano, etc.
* IC puede estar conmigo en todo momento.
No le veo, sinceramente, la utilidad. Ni qué decir que para mí el parto es el medio [para no decir el trámite] por el cual vamos a llegar a lo realmente importante: Emilia y su salud. No tengo posibilidad de hacerme problema por el parto porque tengo un miedo mucho mayor y superador que es lo que viene después. Por otra parte, conociéndome el carácter y las mañas, temo que pueda ser altamente contraproducente para mi humor tener una persona encima en un momento tan delicado, de tanto nerviosismo y emocionalidad al palo.
Lo conversé con IC, con mi obstetra, con amigas que fueron madres; todos coincidieron en que era razonable que me atienda la partera de guardia.
El día del primer monitoreo, la Lic. en obstetricia que me hizo el estudio me preguntó si ya conocía a la partera, y yo le expliqué brevemente todo esto. Me miró con una cara de sorpresa que me asustó. Me hizo sentir una paria, diciéndome que bueno, que las chicas en general se sienten más tranquilas de conocer a la partera con anticipación, de tener un referente, que la partera es la persona que me acompañaría en todo momento, que tendría alguien a quien llamar en cualquier horario para sacarme las dudas, etc. Le contesté que seguramente estas chicas de las que me habla no deben esperar un bebé con cardiopatía congénita y que irían a parto natural, en cuyo caso yo también contrataría sus servicios, que seguramente me serían de mucha utilidad en tal situación, la cual, lamentablemente, no constituye mi escenario. Fin de la conversación.
Me fui de la consulta con un sabor amargo, la semilla de la duda ya estaba instalada. Más tarde, amigas se encargarían de disiparla a los gritos, con argumentos del estilo "a mi me chupaba un huevo el médico, te imaginás la partera, lo único que quería era que me ayuden a liberar a Willy y volvernos a casa" y demás exageraciones que me hicieron reír y volver en mí. Pero qué feo generarle inseguridad a una persona en mi situación por mero corporativismo!
Efectos colaterales del dolce far niente
♥ No me importa más el pronóstico meteorológico
♥ Está fallando el piloto automático del calefón y no le veo el problema: si tiene que venir el gasista... hay alguien en casa, ¡YO!
♥ Llamo para pedir un turno y me puedo dar el gusto de decir: "Dame cualquier horario, no hay drama"
♥ Camino a dos por hora [literal], un poco porque si me apuro me duele feo la panza [se pone dura como piedra], pero también porque disfruto de no tener horarios ni compromisos, de poder "pasear" fuera de contexto.
♥ Estoy completamente desconectada del trabajo y si la entrega prevista se realizó o no, me importa un corno. Se me fue el profesionalismo al tacho.
Cuestión que los días se están pasando entre lavado de ropa de bebé con jabón blanco, hacer espacio en este placard, armar el catrecito que nos prestaron, estudios, estudios y más estudios, monitoreos fetales, la lista del bolso que sigue vacío y esperando, etc.
Parece re aburrido dicho así, pero juro que no lo es. Disfruto cada segundo de este cuarto intermedio.
♥ Está fallando el piloto automático del calefón y no le veo el problema: si tiene que venir el gasista... hay alguien en casa, ¡YO!
♥ Llamo para pedir un turno y me puedo dar el gusto de decir: "Dame cualquier horario, no hay drama"
♥ Camino a dos por hora [literal], un poco porque si me apuro me duele feo la panza [se pone dura como piedra], pero también porque disfruto de no tener horarios ni compromisos, de poder "pasear" fuera de contexto.
♥ Estoy completamente desconectada del trabajo y si la entrega prevista se realizó o no, me importa un corno. Se me fue el profesionalismo al tacho.
Cuestión que los días se están pasando entre lavado de ropa de bebé con jabón blanco, hacer espacio en este placard, armar el catrecito que nos prestaron, estudios, estudios y más estudios, monitoreos fetales, la lista del bolso que sigue vacío y esperando, etc.
Parece re aburrido dicho así, pero juro que no lo es. Disfruto cada segundo de este cuarto intermedio.
miércoles, 6 de agosto de 2014
37 semanas, un bebé a término
Llegamos a la meta, Emilia está a punto caramelo! Puede nacer cuando quiera sin enfrentar más riesgos que los que corre el común de los bebés. Mientras tanto voy a los monitoreos fetales y una vez por semana escucho los "está perfecto" y "tiene un latido de libro" que les son dichos a otras panzas; a mí me tocan los "qué bien cómo se mueve, está muy vital", "¿ya tenés cardiólogo infantil?", "¿los de neo qué te dicen?".
Pero no puedo quejarme, no tengo derecho. Cuando empezó esta pesadilla dentro del sueño nos dijeron que no se sabía a ciencia cierta ni siquiera si íbamos a llegar hasta acá: no hay estadísticas suficientes respecto de la mortalidad en el vientre materno de los bebés con este tipo de cardiopatías. Y si llegábamos hasta acá, también podía suceder que fuera sin un crecimiento adecuado, con bajo peso, con malformaciones colaterales en otros órganos... un sinfín de otros problemas que todos juntos parecían una montaña, una infranqueable montaña salida de la nada. Sin embargo la fuimos recorriendo, poquito a poco, con mucha esperanza y alegría, también con miedo y altibajos, y picos y valles, siempre con el aliento de los otros, que nos acompañaron a lo largo de todo este recorrido. Y parece que vamos llegando, voy sacándole punta al lápiz con el que espero tachar al menos dos grandes miedos de la lista, dos grandes peligros que nuestra pequeña samurai sorteó victoriosa.
Pero no puedo quejarme, no tengo derecho. Cuando empezó esta pesadilla dentro del sueño nos dijeron que no se sabía a ciencia cierta ni siquiera si íbamos a llegar hasta acá: no hay estadísticas suficientes respecto de la mortalidad en el vientre materno de los bebés con este tipo de cardiopatías. Y si llegábamos hasta acá, también podía suceder que fuera sin un crecimiento adecuado, con bajo peso, con malformaciones colaterales en otros órganos... un sinfín de otros problemas que todos juntos parecían una montaña, una infranqueable montaña salida de la nada. Sin embargo la fuimos recorriendo, poquito a poco, con mucha esperanza y alegría, también con miedo y altibajos, y picos y valles, siempre con el aliento de los otros, que nos acompañaron a lo largo de todo este recorrido. Y parece que vamos llegando, voy sacándole punta al lápiz con el que espero tachar al menos dos grandes miedos de la lista, dos grandes peligros que nuestra pequeña samurai sorteó victoriosa.
viernes, 25 de julio de 2014
Y por fin llegó
Y sí, se parece bastante a la alegría de las vacaciones! El último día de oficina transcurrió con trabajos que se complican a último momento, algunos mails de despedida, masitas secas que trajeron mis compañeros para el desayuno, un almuerzo colectivo en la mesa de reuniones con jefa, cumpas, pizza, coca-cola zero y anécdotas y risas varias, una CAJA de Vauquitas que me trajo el asistente de edición "porque descubrimos que a Emilia le gusta el dulce de leche", mucha alegría y ninguna lágrima, por suerte, porque nadie se puso melancólico: los muchachos me dijeron "nos vemos" como siempre, como si fuera un día más, aunque mirándome muy fijo a los ojos y tocando la panza largo y tendido. No saben si la van a volver a ver, y yo creo que ya se acostumbraron a sentir a Emilia detrás de la redondez.
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