Mastico gomitas bien azucaradas para ver si ayuda a que Elena se mueva; ella abre y cierra su boquita, se mete las manos, los deditos en la boca; el doc me regala una foto de ese perfil que me tiene embobada sonriendo en la penumbra y mientras tanto ella decide que no, "Así está bien mamá, me quedo mirando para el otro lado", y yo que pienso "Ma'sí, hijita, quedate así, abrazadita a mí", y me río porque sus patadas van para adentro, su espalda le apunta a la panza y el médico hace malabares para ir encontrándola. Todo en ese momento es perfecto y feliz. Me tocó el médico más empático, más amable, más comprensivo y más dulce del mundo, que hasta se acordaba del caso de Emilia y quién le había hecho el scan en su momento. Con paciencia infinita me fue mostrando la cabecita, los ojitos, dos manos, dos pies, dos riñones, vejiga, piernas, brazos, contamos cuatro cavidades en el corazón y un andar perfecto: "Ves, escuchá el flujo, es de manual" y yo que lloraba y nos repartíamos pañuelitos con IC porque el corazón siempre es esa parte que nos hace llorar, y el doc más dulce del mundo me dice con toda su suavidad: "No, mamá, no llores, mirá la pantalla, esto disfrutalo, está todo bien, está todo bien..." y cómo no ser feliz... Me estalla el corazón de alegría infinita. Era así de lindo pasar por un scan y que salga todo bien. Era así de maravilloso, mágico, simple y complejísimo a la vez. Así de desconocido, así de disfrutable.
Hoy cumplimos 21 semanas. Elena, te esperamos, mi amor ♥
viernes, 15 de abril de 2016
lunes, 4 de abril de 2016
Cambios
Tuve una reunión con mis jefes y me avisaron que la editorial en la que trabajo va a cerrar. Que el modelo de negocios, la rentabilidad, la crisis, los créditos a tasas altísimas, etc. No se sabe cuándo exactamente, pero es un hecho. También me dijeron que no tengo de qué preocuparme ya que estoy embarazada y la ley me ampara, pero que además por los doce años juntos y el cariño que me tienen y mi desempeño de siempre y yo que sé me van a mantener el sueldo durante un año, para que pueda atravesar con tranquilidad el embarazo y el puerperio, y luego la indemnización por despedirme.
Qué puedo decir. Es el final soñado de una relación laboral. O sea, si esto tenía que pasar, ciertamente pasó de la mejor manera posible. Poder quedarme en casa unos meses cuidando el bebé es un sueño hecho realidad. La inseguridad de encontrarme sin trabajo en un tiempo signado por la crisis es real, pero también lo es que cumplí un ciclo en este lugar, y que me costaba mucho cerrarlo. Salir de la zona de confort es un desafío, pero por suerte IC conserva su trabajo y no parece peligrar, así que nos ajustaremos bastante, pero hambre no vamos a pasar. Y bueno, es una buena oportunidad para ponerse creativos.
O sea, en el fondo, estoy contenta.
Qué puedo decir. Es el final soñado de una relación laboral. O sea, si esto tenía que pasar, ciertamente pasó de la mejor manera posible. Poder quedarme en casa unos meses cuidando el bebé es un sueño hecho realidad. La inseguridad de encontrarme sin trabajo en un tiempo signado por la crisis es real, pero también lo es que cumplí un ciclo en este lugar, y que me costaba mucho cerrarlo. Salir de la zona de confort es un desafío, pero por suerte IC conserva su trabajo y no parece peligrar, así que nos ajustaremos bastante, pero hambre no vamos a pasar. Y bueno, es una buena oportunidad para ponerse creativos.
O sea, en el fondo, estoy contenta.
jueves, 31 de marzo de 2016
Una cuestión de perspectivas
Leo los chistes que circulan por ahí de madres que describen de manera graciosa cómo es bañarse antes/después de tener un hijo, cómo es todo, la vida en general antes y después de los hijos, y leo también las bromas de Guía (inútil) para madres primerizas que tanto me insistió mi amiga N. para que lea... y la verdad es que apenas si me sacan una sonrisa. Sé que toooodo es verdad, estuve ahí por unos (demasiado escasos) 5 meses y sí, las duchas se convierten en una proeza, y las actividades más tontas y cotidianas se vuelven un desafío para el ingenio, pero... qué hermoso poder "quejarse" de todo eso. Qué ansiado, preciado, deseado sueño... Sí, es normal, es normal quejarse, porque en el fondo de la queja graciosa estoy segura de que lo que hay es un gran orgullo de ser mamá, y un gran amor, y la convicción de que no lo cambiarían por nada en el mundo, y sí, el cansancio pesa, y el sueño pesa, y la abrumadora cantidad de tareas que se suceden en un bucle infinito pesan... y el humor es una gran herramienta para lidiar con todo eso! Sin embargo, casi no veo ni leo ni escucho a las amigas infértiles que finalmente lograron ser mamás quejarse. Sí desesperarse por no poder consolar a sus bebés, por verlos sufrir de cólicos y no poder hacer demasiado, o porque les parte el corazón escucharlos llorar, etc. pero lo que es quejarse, por ejemplo, de no tener tiempo para sí mismas o de no poder dormir..., no, eso sí que no se ve mucho en el mundo infértil. Se nota que tanto deseo acumulado prepara para disfrutar hasta de lo inverosímil. O forja la paciencia, no sé. En un punto, es una cuestión de perspectivas, porque ¿cómo no relativizar los problemas de la maternidad sabiendo que la otra opción era no tener hijos? Bueno, alguna ventaja tenías que traer, maldita infertilidad...
lunes, 21 de marzo de 2016
Doce años
Hoy se cumplen 12 años desde el primer beso que nos dimos con IC. Al día siguiente me dio las llaves de su casa, al tiempo tuve un estante en el placard, pocos meses después me instalaba con mis petates para arrancar oficialmente la convivencia. Podría decirse que nos encontramos dos locos con las mismas ganas de amar, y le pusimos garra. En estos doce años todas fueron rosas. Naaaah, ni a palos, tuvimos nuestras peleas bravas, bravísimas, para colmo los primeros cinco años de relación vivimos al lado de mis suegros, imaginen el cuadro. Costó acomodarnos, construir lo nuestro, nuestros códigos, nuestras condiciones; él muchas veces se desconcertaba, yo fui muy pesada, pero supongo que no tanto, porque acá estamos. Algunas cosas nos salieron muy fáciles, otras muy difíciles. Seguramente si no hubiéramos estado juntos no nos hubieran pasado las mismas cosas, pero ni aun así me arrepiento de nada. Con los años el amor creció: con cada palo de la vida, creció. Con cada pelea que ayudó a que nos entendiéramos mejor, creció. Con cada drama, creció. Y sigue creciendo, y multiplicándose ahora también, en épocas más felices. Ojalá sigan las épocas felices, y ojalá siga creciendo el amor, el motor de mi vida.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Las cosas que me pregunto
Me pregunto cómo voy a hacer para que Emilia pueda ejercer su lugar de hermana mayor desde allá, lo más profundo y brillante del cielo, sin por eso confundir/angustiar/hacer frickiar al bebé/niñ@ nuevo. Para nosotros es muy natural la presencia de Emilia en nuestra casa; para mí en particular es muy natural también desafiar la incomodidad de la gente y hablar de ella cuando se me cantan las ganas. La más de las veces sucede que los demás se enganchan recordándola y siempre terminamos riéndonos de alguna anécdota o de alguna particularidad de su carácter, y espero que sea exactamente esa naturalidad la que rija la relación de este bebé con su hermana mayor. Pero a veces temo que se lo termine tomando tan natural que vaya por ahí diciendo que tiene una hermana que nadie ve, y que la marquen por eso.
También me pregunto cómo se hace para naturalizar un concepto tan difícil como la muerte para un bebé/niño pequeño. Se supone que hay edades para ir introduciendo a los niños a los conceptos existenciales difíciles, a medida que vayan preguntando, y eso. Pero si tengo fotos de Emilia, seguramente el bebé nuevo va a preguntar dónde está ella mucho antes de lo que preguntaría por la muerte. A su vez, no tener fotos no contribuiría a mi deseo de naturalidad... No sé, es simple y complicado a la vez. Lo único que sé es que este bebé va ganando una existencia más real y concreta para mí, y empiezan a aflorarme preguntas que no tengo idea de cómo responder.
También me pregunto cómo se hace para naturalizar un concepto tan difícil como la muerte para un bebé/niño pequeño. Se supone que hay edades para ir introduciendo a los niños a los conceptos existenciales difíciles, a medida que vayan preguntando, y eso. Pero si tengo fotos de Emilia, seguramente el bebé nuevo va a preguntar dónde está ella mucho antes de lo que preguntaría por la muerte. A su vez, no tener fotos no contribuiría a mi deseo de naturalidad... No sé, es simple y complicado a la vez. Lo único que sé es que este bebé va ganando una existencia más real y concreta para mí, y empiezan a aflorarme preguntas que no tengo idea de cómo responder.
martes, 1 de marzo de 2016
Bajo riesgo
Tenemos los resultados del tan temido triple screening: dan muy bien, muchísimo mejor de lo que se espera por mi edad, muy bajo riesgo de las principales trisomías, bajo riesgo de preeclampsia, bajo riesgo de restricción del crecimiento intrauterino. Bajo riesgo, música para mis ojos. Estuve muy tranquila esperándolos, creo que los nervios se me pasaron cuando vi a la ranita moverse en la pantalla, cuando vimos su corazón... Sin embargo me abalancé como una desesperada sobre los resultados y sentí un profundo alivio cuando los vi tan buenos. Acto seguido me acordé del comentario de una lectora que cuando estaba haciendo mi descargo de por qué NO me quería hacer este estudio me dijo algo así como "Bueno, si sale bien es un motivo más para estar tranquila" y sí, la verdad que sí, me sentí super feliz y aliviada, como si hubiera sido la fan Nº1 del triple screening. Se hace lo que se puede en este camino de las angustias.
Por lo demás, sigo viviendo en una nube de felicidad. Creo que estoy pasando por un momento muy feliz, y viví tan infeliz durante tanto tiempo que se está potenciando al infinito; digamos que estoy casi maníaca, pero de felicidad. No se me va.
Cuarenta veces al día sueño despierta con mi casa sumida en ese raro silencio que tiene a media mañana, la luz alegre que entra por las ventanas iluminando mi cama, y me imagino el momento en que pueda levantar a esta ranita por debajo de sus axilas, sosteniendo su cabecita con el resto de los dedos para que no se le bambolee, y pueda por fin meter mi nariz en el pliegue calentito de su cuello con olor a bebé, tibio olorcito a bebé mezcla de leche con miel, y me inunda una felicidad que me duele, me dan ganas de llorar. Así es la felicidad para mí en estos días, una emoción enorme ahí, a flor de piel, buscando siempre una excusa para salir.
Por lo demás, sigo viviendo en una nube de felicidad. Creo que estoy pasando por un momento muy feliz, y viví tan infeliz durante tanto tiempo que se está potenciando al infinito; digamos que estoy casi maníaca, pero de felicidad. No se me va.
Cuarenta veces al día sueño despierta con mi casa sumida en ese raro silencio que tiene a media mañana, la luz alegre que entra por las ventanas iluminando mi cama, y me imagino el momento en que pueda levantar a esta ranita por debajo de sus axilas, sosteniendo su cabecita con el resto de los dedos para que no se le bambolee, y pueda por fin meter mi nariz en el pliegue calentito de su cuello con olor a bebé, tibio olorcito a bebé mezcla de leche con miel, y me inunda una felicidad que me duele, me dan ganas de llorar. Así es la felicidad para mí en estos días, una emoción enorme ahí, a flor de piel, buscando siempre una excusa para salir.
miércoles, 24 de febrero de 2016
Vivir flotando
Desde el jueves pasado que vivo en una nube, una nube esponjosa y azucarada de la que no quiero bajar. No recordaba cómo era sentirse feliz, pasé tanto tiempo en pena que esto que estoy viviendo se siente como una inyección intravenosa de cafeína. Pienso en el futuro y me emociono, se me llenan los ojos de lágrimas (de alegría) unas 15 veces por día, promedio.
Mi hermana irrumpe con sus conflictos irresueltos y sus reclamos, reflota papiros de cosas que dije hace un lustro, y yo me siento a mil millones de kilómetros luz, siento que conocí en primera persona los verdaderos problemas y que ya no hay lugar en mi vida para esa clase de mala sangre; ningún conflicto familiar puede afectarme como en la era pre-Emilia, ni tampoco puede opacar esta alegría nueva que se me tatuó en la cara, que se me escabulló en el corazón, que me dominó el alma.
Igual, qué pena, sobre todo por ella. Pero qué alegría, sobre todo por mí.
Mi hermana irrumpe con sus conflictos irresueltos y sus reclamos, reflota papiros de cosas que dije hace un lustro, y yo me siento a mil millones de kilómetros luz, siento que conocí en primera persona los verdaderos problemas y que ya no hay lugar en mi vida para esa clase de mala sangre; ningún conflicto familiar puede afectarme como en la era pre-Emilia, ni tampoco puede opacar esta alegría nueva que se me tatuó en la cara, que se me escabulló en el corazón, que me dominó el alma.
Igual, qué pena, sobre todo por ella. Pero qué alegría, sobre todo por mí.
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