viernes, 18 de julio de 2014

En una semana

En una semana voy a cerrar la puerta de mi oficina dejándola en manos de un asistente que todos los días me pregunta cómo estoy, me acaricia la panza y ocasionalmente me trae una Vauquita XL que compartimos cómplices con un café, yo con edulcorante -no sea cosa- y él, amargo. Voy a dejar algunas notas en la pizarra de corcho que tengo frente a mí que no estarán la próxima vez que la vea. El calendario de julio que tengo como fondo de pantalla en la compu va a ser reemplazado por algún otro menos susceptible de caducidad, para que cuando vuelva no sienta que me estoy metiendo en un lugar abandonado. Mi compañero A. ya no va a prender mi estufa todas las mañanas, cerrando la puerta tras de sí para que esté bien calentito cuando llegue, porque acá serán mayoría los varones y ninguno va a andar buscando donde apoyar el culo los días fríos de invierno.
Yo voy a estar en casa descansando y juntando fuerza y coraje, tejiendo, cosiendo, leyendo, preparando algunas cositas, el bolso (que como era obvio, todavía ni empecé), y extrañando un poco la rutina de todos los días, que a veces me aburre, pero no siempre.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Siii y a descansar, que ya el viaje en bondi de una horita me está cansando! Gracias :)

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  2. que poco queda. Seguro que el primer dia que no vayas a ir te sentirás rara.

    Un beso!

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    1. Sí, seguro! Es como cuando faltás a la oficina, que te sentís rara en tu propia casa! Bueno, eso me pasa a mí, no quiere decir que a todo el mundo :P

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