jueves, 31 de diciembre de 2015

2015

Qué difícil, qué ambiguo me resulta despedir este año: el año que se llevó a mi hija, pero también el último que la vio vivir... Quiero odiarlo, un poco, porque sí, porque me parece justo tenerle bronca, porque Emilia, porque el ectópico y la operación y blablá... pero no, ni tanto. Podríamos decir que intentó compensar hacia el final, regalándome esta semillita que quizás esté creciendo adentro mío, pero tampoco; a quién quiero engañar, eso no me compensa a Emilia, su fugaz y hermoso pasaje por mi vida, su ausencia tan dolorosa. Sin embargo, fue este año, el tiempo que lo conformó, encapsulado en esos 337 días que viví sin ella, el que me fue acariciando despacito, suavecito, en silencio, y que fue suavizando de a poco su recuerdo, ya no siempre punzante, cada vez más tierno, cada vez más dulce, que me hace sonreír cada vez más, y llorar cada vez menos.
Fue un año intenso, doloroso, cargado con mucho sufrimiento y estrés, pero también vino con mucha compasión, con mucha compañía, amistad y consuelo, esperanza, lucha, batalla, optimismo. Vino con amor, mucho amor, y también se va con amor, y eso es todo.
No sé bien qué siento, pero estoy contenta de que termine. Chau 2015, bienvenido 2016. Te esperamos con los brazos, el corazón y el alma abiertos. Por favor, traenos lo mejor.
Felicidad para todos, chin chin!

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Esperar [lo mejor]

Esta mañana me desperté a  las seis, comprobé alarmada que las manchas seguían ahí -incluso hasta más rojizas- y me di cuenta de que no iba a soportar otro día más de millones de idas y vueltas al baño sumida en la ignorancia, así que me duché, lo desperté a IC y nos fuimos a la guardia del Anchorena. La beta subió a 7169 (lo cual está muy bien, ya que hubiera sido suficiente con 3700), pero en la ecografía no se vio embrión, ni saco vitelino. No me quieren alarmar porque la bolsita, que sí se vio y está bien agarradita en el útero (lo cual no es poca cosa, considerando mi suerte y mis antecedentes, que se haya alojado ahí y que no haya preferido, por ejemplo, alojarse en el dedo gordo del pie, o en un brazo, por tirar una idea), es todavía muy chiquita, mide apenas 12 mm, tamaño adecuado para el tiempo de embarazo que tengo y que puede ser por eso que todavía no se vea nada. O es eso, o es que no va a haber embrión. O sea, estamos en la nada misma. Forzando la vista y apretando bastante, tanto la médica, como IC y yo logramos ver, por momentos, algo ahí en el medio. Peeeero, si era una mancha, si eran las ganas o qué, no podremos decirlo hasta dentro de una semana. Dios mío, qué semana me espera!

martes, 29 de diciembre de 2015

El manchado, el pánico

Iba a venir a contar que ayer fui a la obstetra y que ya me dio la orden para hacer la primera eco a partir de la semana que viene, pero mejor les cuento que desde ayer estoy, ocasionalmente, con un pequeñísimo, casi imperceptible manchado intermitente, las más de las veces solo cuando me limpio, y algunas sensaciones raras en la panza. Y que el pánico, los fantasmas, la fantasía, la locura y la ansiedad se me suben a los hombros para susurrarme al oído que no, que no me haga ilusiones, que yo no tengo finales felices. Cada tanto los espanto como si fueran mosquitos molestos y logro pensar que sí, que seguro que es por implantación, que seguro ALGO. Pero seguro NADA, como siempre. Solo que estoy tomando dos comprimidos diarios de progesterona desde la primera beta y que esto no debería ocurrir. El miedo descontrola. Por momentos pienso "Ya fue, seguro que lo perdí, o que no se formó, o que no está en el útero o que se yo" y por otros, digo: "Emilia, por favor, cuidame a tu hermanito, protegelo".
En fin. Así las cosas, la espera que desespera. Trato de recordarme que estoy frente a una linda oportunidad, pero qué difícil.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Un día más

Beta 458. Parecería que la semillita quiere crecer.
Estoy hecha una loca, camino por las paredes, chequeo el celular cada 20 segundos a ver si mi doc de fertilidad me dice algo. Por ejemplo feliz navidad. Estoy tan acostumbrada a las malas noticias que estoy alerta, esperando que me diga que es baja, que duplicó justo, no sé, algo que sirva de alfiler para pincharme el globo.
Deseo tanto este bebé que no lo puedo explicar. Que este sueño crezca, de a un día a la vez ♥

"Un día más... un días más...
Arriba el sol
abajo el reflejo
de como estalla mi alma"

Puente
G. Cerati


lunes, 21 de diciembre de 2015

Mi cuarto positivo

¿Señal? ¿Coincidencia? ¿Azar? Pónganle el nombre que quieran, pero el viernes pasado, 18 de diciembre, exactamente dos años después de sospechar que venía Emilia, a dos años de esto, una nueva sospecha asomó en el horizonte. Un nuevo evatest levemente positivo, seguido de uno bastante más positivo 48 horas después. Hoy fui a hacerme la beta: 191. Le consulté al doc: "Está bien el número, progesterona mañana y noche, repetí el miércoles para ver que duplique".
Por cuarta vez estoy embarazada.
Mi fecha de última menstruación es exactamente la misma que con Emilia, es decir que si la semillita crece, la fecha propable de parto es exactamente la misma que tuvo originalmente su hermana.
Insisto: ¿Señal? ¿Coincidencia? ¿Azar? Llámenlo como quieran, yo ya no entiendo nada.
Ahora... a rogar que duplique ♥


viernes, 11 de diciembre de 2015

El sueño

1) Soñé que tenía que dejar a Emilia en un lugar, con mi mamá, ponele, porque tenía que hacer trámites. No recuerdo la parte en que la dejé, creo que agarré la película empezada, cuando la tenía que ir a buscar. Me abrían la puerta y ella estaba a upa de la mujer que la había cuidado, igual a como la recuerdo, chiquita como cuando murió. Pero hablaba. Y yo la abrazaba en el sueño muy contenta de volver a verla y ella me abrazaba fuerte y se ponía a llorar, y muy angustiada, entre lágrimas, me decía algo así como "cómo me hiciste llorar" o "cómo me hiciste sufrir", no sé, pero la idea era que yo la había dejado y ella había sufrido mucho por eso; yo la consolaba entre risas, diciéndole "Bueno, bueno, ya pasó, ya pasó, ya estoy acá" y le daba besos y le fregaba la espalda, muy contenta de tenerla entre mis brazos. Fin del sueño.

2) Mi psicóloga sonríe dulcemente, detrás de su escritorio, mientras anota cosas. Elige las palabras, que deja sucederse lo más suavemente que puede: "Según Freud, siempre uno es el protagonista de los sueños. Podríamos pensar que Emilia, en realidad eras vos, y viceversa. Vos le decías a tu hija que al morir, al irse, te hizo sufrir mucho". Y sí, podríamos. Sorpresa, pude decirle en mi sueño lo que yo creía que ni siquiera me atrevía a pensar: te fuiste, me dejaste y me hiciste sufrir. Un montón. Todavía sufro por tu culpa, por tu partida. Fuerte.

La magia de la terapia.

martes, 1 de diciembre de 2015

Los 40

Los 40 me llegaron en Villa Paranacito, Entre Ríos, en una casa que alquilamos a orillas del río, rodeada de verde, de sol, pájaros y luciérnagas. No hubo torta, solo una factura de dulce de leche para cumplir con lo dulce. Hubo asado, hubo vino tinto, hubo un rico perfume de regalo que IC escabulló en el auto en algún momento, hubo mini-siestas al sol, disfrutando, mirando, escuchando los árboles mecerse con el viento: "ssshhhhhhh schhhhhh"... Hubo paz, hubo amor, hubo algunas fotos de Emilia, hubo silencio y también risas. Hubo equilibrio, a pesar de los mosquitos.
Estoy preparada para transitar esta nueva década; espero que traiga mucho amor y mucha paz ♥


martes, 24 de noviembre de 2015

Las novedades

No ando con muchas ganas de escribir últimamente, no sé qué pasa..., disfruto más de leer lo que escriben los demás.
Empecé terapia. Fui muy nerviosa, con tres paquetes de pañuelitos de papel y ni una gota de maquillaje; no sabía exactamente qué esperar, había olvidado lo maravilloso de las asociaciones inconscientes, el alivio con el que se sale de la sesión, esa sensación de ligereza en el alma que hace que bien valga la pena el llanto que me comí para llegar a eso. Mi analista me gustó; lo único que sé de ella es que fue madre de su hija a los 41. Por supuesto, empaticé inmediatamente. Una sesión por semana, me toca los miércoles.
Estoy aprendiendo a manejar. Esa es otra cosa nueva y positiva, una cuenta pendiente de una lista de cosas pendientes que me torturan. Decidí tomar el toro por las astas e ir tachándolas de a una. Empecé con la más práctica y rápida; el jueves rindo el teórico, todavía me quedan tres clases más de práctica, si sale todo bien, antes de año nuevo tengo el carnet!
El sábado cumplo 40 años. Me provoca muchas cosas, casi ninguna buena, y no por la edad, no temo envejecer para nada, es solo este tema del reloj biológico y de la maternidad; es el tener un video de mi cumpleaños anterior con Emilia en mis brazos e IC cantándome "feliz cumpleaños" en penumbras, es que ya llegan las fiestas, y luego vendrá enero, y se cumplirá un año del peor día de mi vida.

martes, 10 de noviembre de 2015

La naturaleza salvaje y el negocio de la alienación

Como ya dije repetidas veces, el libro Mujeres que corren con los lobos está teniendo un gran impacto en mí. No en el sentido de convertirme en el cliché de la "mujer loba" que se tatúa un atrapa sueños y se comporta como una excéntrica y ya está, como si eso fuera estar conectada con la verdadera naturaleza salvaje, como si en la pose radicara el secreto, como si los aros con plumitas lo fueran todo [digresión: amé la película "Amelie" y odié la legión de mujeres cliché que generó, y lo mismo me está sucediendo con este libro que me parece tan aburrido en su prosa como maravilloso en su contenido]. La transformación que está generando en mí es tan sencilla como suscitarme reflexiones que de otra forma no hubieran salido a la luz, y esta en particular tiene que ver con la distancia que hemos puesto, en tanto sociedad, entre nuestro cuerpo y su lectura, nosotras como mujeres. O sea, aprendimos a usar programas de la computadora complicadísimos, pero tengo que usar un palito para saber si ovulé. Me desgañito los ojos para ver si la rayita del puto test es un pelito más clara o más oscura que la de ayer, y lo llevo del baño a la ventana y de la ventana a la cocina y así, como una desquiciada paseando por la casa con palitos meados, cuando ayer a la nochecita tuve un tremendo cólico de ovulación que me duró unas cuantas horas y cuyo eco hoy todavía resuena. ¿Por qué no confío en mi cuerpo? ¿Por qué no confío en el conocimiento que tengo sobre mí misma? ¿Por qué me resulta más confiable lo que dice un palito que la evidencia de mi cuerpo? ¿De dónde sale esa inseguridad, esa ignorancia, ese desprecio? No estoy hablando de una galaxia a millones de años luz, estoy hablando de un cuerpo, el mío, que también habla y se expresa, y que para colmo lo hace siempre de manera similar. Y yo sigo esperando que la verdad me la revele un palito. ¿Qué tan alienada estoy?


PD: Los palitos me resultaron MEGA útiles para poder asociar causa y efecto, pude aprender gracias a ellos, y me ayudaron a conocerme más y toda la bola. Creo firmemente que lo primero que deberían recomendarnos los médicos cuando nos quejamos de que no quedamos embarazadas, incluso antes de mencionar la horrenda histerosalpingografía, es que usemos estos simples tests. Pero una vez que los usamos y que obtuvimos toda la información que podían brindarnos, seguir dependiendo de ellos como si fueran la verdad revelada, bueno, ya eso es otra cosa y eso es lo que me critico.


viernes, 6 de noviembre de 2015

Admisión a terapia

Tuve mi entrevista de admisión a terapia y me encontré diciendo que "siento que estoy 'bien', funcional, digamos, a costa de evitar compulsivamente los pensamientos que me hacen sufrir", o sea que siento que tapo cosas y que eso no es evolucionar, no es mejorar, no es crecer, no es avanzar en el duelo, es simplemente hacerme la boluda un rato, esconder la basura debajo de la alfombra, hacer lo que puedo. Por ejemplo: yo no lloro ni lloré todavía por todo lo que sé que no voy a poder hacer nunca con Emilia, porque no pienso en eso. El simple hecho de estar escribiendo esta frase en el post, así, algo tan simple como eso, hace que se me llenen los ojos de lágrimas, que se me cierre la garganta, que se me ponga la nariz colorada mientras un millón de agujas invisibles me pinchan su punta. Entonces evito pensar en eso. Y así hago con todo; ya ni me acuerdo cuándo fue la última vez que vi un video de ella, por decirte. Decidí ponerle un fin a esa conducta evitativa el día que pedí turno en terapia, y sinceramente fui con mucho miedo, porque sé a qué me enfrento. De hecho, las lágrimas salieron expulsadas en cataratas ni bien la psicóloga me preguntó: "¿Cómo estás? ¿Qué te trae por acá?". Silencio, mueca, llanto, dedo levantado como pidiendo un minuto, más silencio, pañuelitos, dos o tres intentos de hablar, y finalmente: "Vengo porque el 28 de enero pasado murió mi hija". Y ese fue el primer paso en una nueva dirección.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Nueve meses

Hoy se cumplen nueve meses desde que te convertiste en mariposa.
La pulga que quería volar, esa sos vos. Y lo lograste.
Ya no lloro cada vez que te pienso, eso es bueno. Trato de bailarte tu canción favorita cuando cocino; a veces puedo, a veces no. Nunca logré bailarla entera todavía, pero ya voy a poder y vas a tener platea preferencial.
Papá mandó a grabar las alianzas con tu nombre y se equivocó el año... tuvo que salir corriendo a pedir que lo arreglen.
Los cobayos aprendieron a pararse en dos patas como gracia para obtener comida, y eso que están gordos y les cuesta.
O sea que los días en casa siguen siendo más o menos el mismo caos que conociste, solo que faltas vos. Mucho faltás.
Te amo. Te extraño, siempre.
Mamá

Emilia 21-8-14


martes, 20 de octubre de 2015

Mi segundo día de la madre

Me sentí un poco triste a la mañana, me senté a llorar al lado del altarcito de Emi como hacía rato no me pasaba; lo limpié todo, le canté su canción preferida, prendí una velita, quemé palo santo y tomé mate en silencio, hasta que se levantó IC y desplegó su magia para que ese día no fuera tan bajón como empezó. Me dijo "voy a comprar facturas" y volvió con una caja que había dejado en el auto para que yo no descubriera la sorpresa, así que tuve mi regalo enviado desde el cielo por correo privado. Emilia me mandó unas lindas zapatillas a través de su papá y a la tarde me regaló un hermoso atardecer.
Fue un día raro, por suerte ni taaaan triste ni tan lacrimógeno como esperaba. Pocos me saludaron y eso me dolió bastante, mi mamá me mandó un mensaje hermosísimo, mi hermana, una prima y mis más íntimas amigas, pero el resto de la familia, silencio. Creo que nadie sabe qué es lo mejor, si decir algo, si no decir nada, si dejar que el día pase lo más desapercibido posible o qué. Yo no entiendo cómo alguien puede creer que el silencio puede ser mejor que hablar y sacar las emociones afuera, cómo puede alguien pensar que "negarle" o "ignorar" o "ningunearle" a una mamá el estatus de madre, el título que más feliz la hizo en la vida puede ser mejor que una frase de consuelo, pero bueno, yo soy muy de hablar e hice muchos años de terapia. Para mí lo que se calla se sienta en la mesa, ocupa un lugar pesado, viscoso, y me incomoda. Por el contrario, exorcizo el dolor hablando, pero eso es muy personal.
Nuestras alianzas cumplieron un año y decidimos que vamos a grabarlas con el nombre de nuestra hija en su interior. Después de todo, ella nos las regaló ♥
En fin, pasó el día y yo sentí una prueba más superada. Ahora quedan por delante nuestros cumpleaños, las fiestas y, por supuesto, el aniversario de un año desde que Emilia emprendió su vuelo. Un paso a la vez.



jueves, 15 de octubre de 2015

15 de octubre, día mundial de la muerte gestacional y perinatal

A todas esas mamás que pasaron por el dolor de la pérdida de un hijo -no importa de cuánto tiempo, ni el amor ni el dolor se miden en días, meses o años-, a todas esas leonas que tuvieron que esconder el evatest positivo para no llorar de pena, a las que tuvieron que desarmar una habitación vacía sin poder estrenar la cuna, a las que perdimos a nuestros bebés en las circunstancias que sean, a todas ellas, gigantes que se limpiaron los mocos y las lágrimas y eligieron seguir caminando la vida con una sonrisa, aunque sea a medias, aunque sea incompleta, les mando un enorme, dulce, esponjoso, ancho y sentido abrazo en este día de memoria y concientización.

martes, 13 de octubre de 2015

Mujeres que corren con los lobos

Estoy leyendo este libro que en mi otra vida -esa en la que me jactaba de ser soberbia y me creía muy inteligente como para leer libros que yo creía de "autoayuda"- miré con una sonrisa de desdén, ese libro que es el de cabecera de mi tía, ese que habla de la mujer salvaje y analiza cuentos en términos psicoanalíticos e introspectivos, y me sorprendo a mi misma al experimentar revelaciones y reflexiones tan profundas como las que tenía al salir de terapia a mis veintitantos. 
El libro es medio plomo, no sé si la traducción es mala, si el ritmo es lento, si es un sistema de pensamiento tan diferente al que estoy acostumbrada que me resulta pesado o qué, pero el contenido y las reflexiones que me dispara rozan la epifanía. No exagero.

viernes, 2 de octubre de 2015

La consulta en fertilidad

"En diagnóstico estoy anotando 'mala suerte'; está bien, ¿no?", nos tiró ayer F., nuestro doc., inaugurando así el principio del fin de la seriedad en una consulta cero convencional. Hablamos de los que nacen con estrella y los que nacen estrellados, herederos del latín "meadus por dinosaureus al nacer". Chiste va, chiste viene, nos dice: "Chicos, no tengo idea cómo hacen, pero con estos resultados de mierda* ya van tres embarazos naturales. Pero esto es justamente la cencia: hay un mundo que no puede explicar. Quiero que intenten unos meses solos, porque pueden. Arranquen ya. ¿Tenemos una trompa menos? Sí, bueh, pero eso... [cara de "no le doy mucha bola"]; ¿estás por cumplir 40? Sí, por eso vamos a poner plazos razonables..., pero quiero que sigan un poco más. Yo no tengo ninguna duda de que de una forma u otra vas a volver a queda embarazada y esta vez va a salir todo bien". IC lo miraba con la sonrisa dibujada, tenía una cara de felicidad que daba gusto; yo, en cambio, completamente desorientada: no me esperaba este aliento fenomenal en un contexto que para mí, desde la trompa menos, se veía negro. Yo seguía hablando de la ICSI y de que para mí diciembre estaba perfecto y el doc. me decía "sí, sí" como a las locas, "vos llamame en diciembre y hablamos". Nos dio una palmada en el hombro, un fuerte abrazo y nos dejó ir bajo una lluvia finita, que se sintió fresca y ligera.

* Para las entendidas: Kruger de entre 2 y 6% max.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Terapia

Llegó el momento de empezar terapia.
Hasta ahora no sentí la necesidad, sinceramente. Sentía que estaba haciendo mi duelo, que estaba transitando la tristeza a mi ritmo, y que no tenía ni necesidad ni deseos de hacerlo en voz alta en un consultorio. Ahora sí. Ahora siento que necesito un espacio para reflexionar y procesar con ayuda. Ya no la terapia de mi juventud, esa de arrancar con el primer recuerdo y empezar a desovillar la madeja; no, necesito algo cortito y al pie. Estos meses fueron meses de sostener la pared con las manos, tratando de que no se caiga ningún ladrillo; ahora es momento de dejar que caiga alguno, pero en un espacio seguro.
Todo tiene su tiempo. El 3 de noviembre será el de empezar una nueva fase en este largo camino que me toca recorrer a ritmo caracol.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Hoy es 28 y casi lo olvido

Mi hermana me mandó hace un rato un mensaje de Whatsapp con un corazón lila, que es el que usamos siempre que estamos hablando de Emilia, y me vino a la mente que es hoy es 28, que hace 8 meses que la mariposa se fue volando a ver las cosas desde otra perspectiva, y me sorprendió tanto como me alegró darme cuenta de que lo había "olvidado", que puedo vivir sin anclarme a esa fecha tan horrorosa, a ese día tan pesadilla, tan historia de terror; me alegró tanto darme cuenta de que siempre recuerdo los 21 -a veces de mejor ánimo, a veces más bajón, pero siempre volver a ese día es celebrar la vida y emocionarme con su recuerdo, revivir su nacimiento y el optimismo y la felicidad y la luz que su memoria irradia-, pero que puedo "olvidar" los 28 y su oscuridad; no traerlos a la memoria consciente, tal vez sea más lo que me pasa, porque olvidarlo de verdad es imposible, pero sí elegir ignorarlo para que no se crea el centro: no 28, no sos centro; no muerte, tristeza, oscuridad, no son protagonistas, no son Emilia, son exactamente lo opuesto.
Emilia es luz, vida, celebración y hermosos recuerdos, y lo bueno le tiene que ganar en mi memoria al horror.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Las opciones

Estuve un poco boyando estos días, dando vueltas en redondo, como cuando te encontrás en la cocina y después no te acordás para que fuiste; así, avanzando a los tumbos. No sé bien qué siento. No sé bien qué quiero.
Llegaron los nuevos resultados de IC y es una cosa de locos, dan cada vez peor. Ahora mejoraron unos parámetros y empeoraron otros, pero la cuestión es que cada vez contamos con menos nadadores. Entonces estoy despidiéndome de la fantasía de los embarazos naturales, porque, vamos, pocos nadadores, casi 40 pirulos, una trompa menos... convengamos que es seguir agarrada a una ilusión medio ciega. Él está en fase de negación: me dice que al final estos resultados son cualquier cosa, que cómo puede ser que de una vez a la otra sean resultados diametralmente opuestos y blablá. A mi me irrita que se ponga en esa posición, preferiría que se preocupe y salga corriendo a pedir un turno con su andrólogo, que trate de compensar con gestos de buena voluntad esto de que yo por cuestiones relativas a nuestro proyecto de paternidad ya entré cuatro veces al quirófano, pero bueno, no sé qué pretendo, darle el libreto para que viva y sienta a mi gusto, no se puede. Además soy injusta, y lo sé. Lo digo de enojada. Por eso preferí cerrar el pico y dedicar mi energía a soltar la preocupación por la cantidad de nadadores, porque si acepto de una vez por todas que lo nuestro -si se vuelve a dar- va a ser con un laboratorio de por medio podría relajar y dejar de hincharnos las pelotas.
Y además hay otra cosa: en varios blogs amigos últimamente encontré reflexiones sobre el camino de la adopción que me resultaron un bálsamo. Sentí un gran alivio al permitirme pensar en una nueva puerta a la maternidad, porque siento constantemente la presión de la carrera contra el tiempo y es una cosa horrible, una cuenta regresiva a la infelicidad. Siento que tengo una tonelada de cosas para pensar, pero que todas me llevan a ver una luz al final del túnel.
Hoy es 21 de septiembre, empieza la primavera. Hace un año la tenía a Emilia durmiendo en la wawita violeta mientras le sacábamos fotos junto a un cartel que decía algo así como "Hoy cumplo un mes, traje la primavera y la festejamos en casa!" y todo era optimismo y alegría desmedida.
Hoy el panorama es distinto, no tengo alegría ni optimismo, pero mi deseo para este nuevo ciclo que comienza es que florezcan el amor y la vida, en todas sus formas, y que alguna de ellas nos abrace.

martes, 8 de septiembre de 2015

Volver, una vez más

Acá estoy de nuevo en la oficina, después de unos cuantos días fuera de acá y también fuera de mí. Ni bien llegada de la clínica a casa lloré durante días a los gritos, sacada. Lloré de rabia, lloré de pena, lloré redondo, gordo, caliente de frustración, de impotencia, de injusticia, de odio. Lloré en la cama, en el living, abrazada a la osa gigante de Emilia, lloré en su cuna, de rodillas, parada, bajo la ducha, haciendome mates, en el balcón. Lloré en todo momento y lloré por todo, menos de dolor físico, porque lo que es doler, nada. Me operaron por laparoscopía, así que la recuperación fue genial, solo me quedan cuatro puntos que me recuerdan que tengo una trompa menos. Lo que tengo es el alma maltrecha por esta crueldad innecesaria de la vida, de hacerme pasar el primer aniversario del nacimiento de Emilia recuperándome de este chasco.
Durante esos días me di permiso para tenerme pena y lloré amargo, tendido, sintiéndome una mártir, la víctima de un elefante déspota que no se cansa de caminarme encima. Tengo que reconocer que abusé un poco, incluso, de ese papel.
Pero es momento de parar un poco con esta espiral negativa de la auto-conmiseración, porque sino se vuelve real. Uno es uno y sus circunstancias, y estas son las mías. Muchas buenas y muchas malas. Dejar que las malas me venzan sería dejar de ser quien soy, y fue recién a través de estos trances que me tocaron pasar que pude pispear la naturaleza de mi verdadero yo. Mi verdadero yo está habitado por un tipito que se mata pedaleando en el centro de mi alma. Pedalea, pedalea, pedalea, y por un sistema de poleas con ese pedaleo genera un viento que anima una llama, en el medio de mi corazón. Esa llama calienta y calienta y por otro sistema cuyos detalles ignoro me activa. "Me activa" es una manera amable de decirlo, porque en realidad me obliga, me empuja, me tironea para adelante, aun cuando no tengo ganas de nada. Yo soy yo gracias a esa llamita que me impulsa a seguir.
Así que acá estoy, siguiendo.


viernes, 21 de agosto de 2015

21 de agosto 2014 - 21 de agosto 2015




Mi chiquita, mi bella princesa, la pulga que sopapea a todas las pulgas.
No tengo palabras, soy puro dolor.
Te extraño cada día.
Te amo, siempre.
Mamá.

martes, 18 de agosto de 2015

En casa

En casa, con mis dos queridos ovarios y una trompa de falopio menos, la derecha. Parece que tuve suerte, ya me había empezado una hemorragia interna (yo no noté nada de nada). Como dijo Amapola: me salvaron los test de ovulación. Resulta ser que no logré ningún milagro con mi alimentación, no ovulé antes de lo habitual, simplemente lo que yo creí que había sido mi última menstruación no fue tal sino una metrorragia, típica de embarazos ectópicos
Tres embarazos, ningún hijo en casa.
Es de locos.
El sábado, cuando me enteré que esa beta de 1510 no estaba generándose en mi útero, tuve deseos de calzarme un chaleco con nitroglicerina y explotar en el mercado central. No sé, ganas de tirar material radioactivo al río, algo que le devuelva a la vida un poco de toda la mierda que me hizo pasar.
Por supuesto, 48 hs después estoy pensando que le tengo que avisar a mi doc de fertilidad que vuelvo a la carga ni bien me den el alta.
PD: Gracias por todos sus lindos mensajes, están siempre cerca.

sábado, 15 de agosto de 2015

ECTÓPICO

Obvio.
Estoy esperando el resultado de la eco y me tengo que ir a una guardia.
Qué vida HIJA DE PUTA.

viernes, 14 de agosto de 2015

No sé cómo contarlo

Tengo en mi cartera dos test de embarazo positivos. Uno me lo hice esta mañana y lo guardé para mirarlo y mirarlo y mirarlo, incrédula, con cara de boba, de vaca pastando. El otro me lo hice en la oficina, en un arrebato de negación, porque no, no puede ser, es demasiado bueno para ser real.
Esta mañana otra vez: séptimo test de ovulación súper positivo. NO ES POSIBLE. Decidí hacerle caso a Merimeri y probar suerte, más que nada para que me dé negativo y poder empezar a paranoiquearme tranquila con que estoy entrando en la menopausia o que tengo un tumor, o lo que sea que justifique esa LH zarpada que cada día parece aumentar. Tenía uno de esos test chinos que vienen de regalo con los de ovulación y lo hice, al toque se empezó a marcar la de embarazo. Me empezaron a temblar las manos, se me agitó la respiración, sollozaba, estaba en shock. Me fui a la cocina con la tirita temblorosa, a mostrársela a IC, que estaba desayunando justo antes de "extraer" la muestra para un nuevo espermograma, el de la ICSI. "¿Qué pasa mi amor, por qué llorás?" y yo le agitaba la tirita. "Sí, te dio de nuevo positivo... [pensaba que era la tirita del test de ovulación], pero por qué llorás?". Con la cabeza yo le hacía que no, que no, y junté voz para decirle "este es el que importa", y no sé bien cómo, pero entendió lo que le quería decir. Y lloró conmigo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Confusión

Esto de los test de ovulación super positivos me tiene confundida. Habitualmente es muy claro: negativo, dudoso, positivo, como mucho otro día más positivo, negativo. FIN. Si bien la raya del TO nunca es tan fuerte como la de control, aprendí que en mi caso eso es lo mejor que voy a obtener, y los resultados no me presentan dudas. Ahora bien, como ya conté, vengo con unos positivos furiosos desde el día 12 del ciclo. Supuestamente ese subidón de hormona LH dura como máximo 48 horas, pero yo estoy en el día 16 y sigue dando más fuerte que la de control. O sea, ni idea cuándo ovulé. Misterio.
El viernes lo veo al doc para tener todas las ordenes de la ICSI listas, por si se me adelanta.
Estamos ahí.

lunes, 10 de agosto de 2015

Causa consecuencia

Cuando vi que una parte de los resultados de IC habían mejorado tanto con el tema del limón y la vitamina C me agarró, como ya les conté, un patatús de emoción y optimismo que me llevó a hacer un máster en alimentación fértil. Diagramé un plan de comidas que incluía los elementos supuestamente más beneficiosos para la fertilidad y me puse muy férrea: o sea, laburé el doble de lo habitual en la cocina, y no claudiqué bajo ninguna excusa. Total, que de esto hace poco más de un mes, por lo que este ciclo es el primero bajo el nuevo régimen alimenticio. Yo, que ovulo siempre tarde (días 17, 18, 19 e incluso 20 o 21 del ciclo), el día 12 me sentía como ovulando o en las postrimerías del día D. "No puede ser", dije yo. "Bueno, por las dudas me hago un test, así descarto". POSITIVO. Día 13, repito: POSITIVO. Día 14, repito: POSITIVO. ¡Toma castaña! ¡Y qué positivos! De esos que yo no conocía, tal como dice en el instructivo que tiene que ser: con la línea más marcada que la de control. Creer o reventar.
Puede que esto sea una mera coincidencia o bien que sea el efecto del cambio drástico que hicimos en nuestra alimentación. Yo prefiero creer que es la segunda opción, aunque cuando repitan los estudios de IC tendremos oportunidad de ver si a él también le hizo tanto efecto. Lamentable o afortunadamente, depende cómo se lo mire, no voy a poder chequear la continuidad de este fenómeno en el próximo ciclo porque voy a arrancar con la estimulación para la ICSI. ¡Pero qué alegría tengo! ¡Parece que hubiera descubierto el fuego!

PD: Para las que les interesa el tema: pescados y frutos de mar hasta por las orejas, espinaca, zanahoria hervida (hervida porque aumenta exponencialmente su aporte de betacarotenos), tomates (si son hervidos o en salsa, ketchup o extracto mejor, por lo mismo: aumenta el aporte de licopenos), semillas (de calabaza, lino, chia, girasol, sésamo), frutos secos (sobre todo nueces y almendras), brócoli, jugo de limón o naranja y pomelo, lechuga, bananas, pan multicereales (harina integral, avena, centeno, salvado), chocolate negro y té verde, son los alimentos esenciales, que no tienen que faltar. 

viernes, 31 de julio de 2015

Será en septiembre

Ayer tuvimos cita con doc de fertilidad. En medio de una lluvia pavorosa le llevamos los resultados de los estudios  y todo nuestro entusiasmo por ver cómo seguimos. Conclusiones: lo mío (ovulación tardía y poco engrosamiento del endometrio (esto es una novedad)) no le preocupa porque se resuelve con medicación. Lo de IC, en cambio, es más difícil para lograr un embarazo natural: los resultados fueron los peores de nuestra historia clínica, aunque porlas los mandó a repetir. Igualmente, a menos que haya un gran cambio (poco probable, ya que las variaciones se nos dan en un rango de desempeño siempre bajo), vamos a ICSI. "¿Cuándo quieren?", preguntó llano, directo. "Y... no sé, en el próximo ciclo, o sea a fines de agosto/principios de septiembre, bah... si les parece, no sé si es muy apresurado...", balbuceé yo, mientras IC asentía con una sonrisa. "¡Para nada! -dijo el doc- Acá la idea es embarazarte lo antes posible, así que para mí septiembre está perfecto".
Y para nosotros también.
Entonces será en septiembre.
¿Será?
  ♥

martes, 28 de julio de 2015

Seis meses

Seis meses pasaron, medio año ya, y tu ausencia me desgarra como el primer día. Emilia, me quedo con la sonrisa boba mirando tus videos en el celular hasta que las lágrimas me borronean el recuerdo. Trato de ser como vos, fuerte, luchadora, pero no puedo, yo no nací leona; vos en cambio lo fuiste desde el primer día.
Te amo pompa de jabón, mariposita liviana, rayo de luz, chicharrita de verano.
Te extraño, siempre ♥
Mamá

viernes, 24 de julio de 2015

Le sumamos acupuntura

A la ristra de experimentos que estamos llevando a cabo, le sumamos acupuntura! Tenemos cita en un mes, cada uno por su lado pero con el mismo acupunturista. Veremos qué tal. Tenemos también nuestros resultados: por mí lado, más allá de los poco o muchos folículos iniciales, al día 18 del ciclo, cuando me dio positivo el TO, tenía un óvulo precioso y redondito a punto caramelo, PERO -siempre hay un pero- el endometrio no acompañó: nunca llegó a tener el grosor necesario para la implantación, así que este mes sí que ni me hago ilusiones. Yo, que estoy a punto de graduarme de médica en la Google University of Life, supongo que el hecho de que el útero esté tan finito debe tener que ver con que tengo el estrógeno por el sótano, pero mejor esperamos a ver qué dice mi doc, que se recibió en universidad acreditada. En cuanto a IC, tengo buenas y tengo malas: la mala es que los análisis dieron peor que nunca en cuanto a cantidad y morfología de nadadores. La buena, y que hace que me case para siempre con Don Limón, es que nunca, pero nunca le dieron tan bien en cuanto a movilidad y vitalidad (íntimamente emparentados con la vitamina C). O sea, siempre tenía la mitad del mínimo y ahora tiene prácticamente el máximo. Con lo cual afilé el lápiz y agarré la calculadora (sí, ríanse, es triste pero real) y me puse a sacar cuentas comparativas entre el resultado con el que quedé embarazada de ♥Emilia♥ y este, y la verdad es que estamos igual. Porque si bien antes tenía más cantidad total y mejor porcentaje de formas normales, de poco me sirve si están muertos en su mayoría y/o son malísimos para el deporte. Ahora tenemos pocos y malos, pero por lo menos todos con las pilas puestas y grandes Phelps en potencia. Así que me emocioné toda (como me pasa cada vez que compruebo que puedo hacer ALGO para mejorar ALGO) y con la ayuda de adivinen quién (sí, Google otra vez), hice un máster on-line en nutrición y diagramé un plan de alimentación basado en antioxidantes y demás cosas que nos pueden servir. Vamos a ver cuánto me dura el entusiasmo, porque ayer con el primer menú nomás quedé agotada. 
Nada, que hay que seguir para adelante y ponerle el alma a la cosa.
¡Buen fin de semana!

lunes, 20 de julio de 2015

La amistad

Ustedes se alegraron cuando acá hubo buenas noticias, se mantuvieron expectantes como yo frente a las incertidumbres, lloraron conmigo en las malas. Ustedes me leen a pesar del lamento recurrente y de los monotemas con los que les inundo la pantalla. Ustedes rezaron por nosotros, nos enviaron amor, luz, energía, buena vibra, buenos deseos y más. Una de ustedes tiró una vez una monedita en una fuente de Italia, se acordó de nosotros en un momento tan pero tan personal. Algunas encontraron corazones rojos en la calle y pensaron en mi hija. Otra me recordó una vez lo importante de agradecer. Muchas me escribieron por privado, gracias a eso tuve incluso el gusto de conocer personalmente a Amapola. Ustedes están ahí para darme ánimo cuando sienten que empiezo a caer, me aplauden todas las boludeces que hago porque sí, porque eso hacen los amigos. Me abrazan virtualmente y créanme que lo siento. Me comparten poesías, me escriben reflexiones que me dejaron pensando más de una vez. Me dicen que sí, que dale, que se puede; me dicen que sí, que están. Me cuentan sus historias, me comparten su dolor, me dejan pispear un poquito en sus vidas y me hacen parte. Me hacen una fiesta cada vez que avanzo un paso. Me sostienen cuando doy dos para atrás. 
Eso, mis queridas, para mí es la amistad.
Muchas gracias por estar; de alguna extraña, loca y virtual manera, siento que las quiero.
Feliz día del amigo ♥

lunes, 13 de julio de 2015

Monitoreo de ovulación

Vamos con lo justo, parece. En realidad con menos, pero me mantengo optimista. Estoy a día 14 del ciclo y tengo en mi haber 2 folículos en el ovario derecho y 5 en el izquierdo. Parece que lo mínimo "normal" sería tener alrededor de 7 en cada uno, o sea 14. Yo entre los dos hago 7, o sea que puedo decir con todas las letras que entre los dos ovarios hago uno. No importa. Hay casos de gente que con uno solo se embaraza. Además, esto es 100% natural, solo para chusmear mi ciclo; si le sumamos la ayudita de la química seguro que sacamos algo mejor. Faltan los análisis de IC y nos volvemos a sentar a hablar con F., el doc de fertilidad.
Las noticias no son las mejores, lo sé: esta ecografía se correlaciona con los resultados hormonales y también con mi pobre desempeño en la ICSI anterior. Pero después de eso vino Emilia, mi campanita, mi botón de vida, mi bebita dulce de los ojos de mar, así que nada está perdido. Además, sé positivamente que el año y medio de estrés que tengo encima no puede pasar desapercibido para mi eje hormonal, y no pierdo las esperanzas de poder revertir mejorar mi performance.
Me siento entusiasmada, en movimiento y motivada (por ahora).
Pa' frenchi ♥

viernes, 3 de julio de 2015

Arrancamos

"La verdad chicos, los admiro mucho", nos dijo F., nuestro médico de fertilidad, mientras miraba con mucha atención las fotos de Emilia en mi celular. "Nosotros con mi mujer perdimos un embarazo en la semana 37 y la verdad que yo, siendo obstetra, conociendo los riesgos, estuve muy mal, durante mucho tiempo no podía ni siquiera hablar del tema, y ustedes están acá, con lo difícil que es, apostando de nuevo. Realmente los admiro". Y esa conexión que yo percibía que nos faltaba, ese hilo rojo que no nos había atado la otra vez, de pronto nos envolvió en un lazo apretado, con moño y todo. IC y yo nos secamos la lágrimas que estaban ahí, en la esquinita del ojo, haciendo fila para caer, mientras él anotaba cosas, miraba estudios, nos indicaba entusiasmado monitoreo de ovulación para mí (a ver si es cierto que ovulo tan tarde o si es un tema de la sensibilidad de los test) y espermograma completo para IC, para ver cómo seguimos. Le dijo no al clomifeno: siendo que pareciera que ovulo naturalmente prefiere no dármelo, ya que si bien puede favorecer el embarazo -incluso desde el plano psicológico- lo cierto es que tiende a afinar el endometrio, dificultando la implantación del embrión. O sea, lo que da por un lado lo quita por el otro.
En fin, nada, que arrancamos.
♥ Vida, vamos por la revancha ♥

lunes, 29 de junio de 2015

Los proyectos, el interior

No me di cuenta cuánto anhelaba irme de Buenos Aires hasta que nuestra fantasía cobró la forma de un par de posibilidades laborales medianamente concretas a largo plazo, ambas en la Patagonia. Nunca me permití pensar realmente en irme a la M por mi papá y mi personalidad culposa. Yo era (¿yo creía ser?) su único sostén emocional y no me sentía libre de hacer mi vida en otra parte, hasta que pasó todo lo que pasó, y vino el cambio de perspectiva, la homeopatía y el corazón que tiene sus fuertes deseos y obra mucho menos vueltero que su compañero de más arriba. La cuestión es que aprendí a las patadas que la vida es hoy. YA. Este segundo en el que tecleo es lo único que tengo asegurado, no el que viene, ni el que viene después del que viene. Está probado que mi papá es depresivo, va a ser mayormente infeliz aunque me quede clavada a su lado, así que sería mejor que por lo menos uno de los dos sea feliz. Además, ahora estamos armando la famosa red de contención familiar, ya nada depende exclusivamente de mí, y él, por su parte, aceptó incluir un par de cambios muy importantes en su rutina a los que les pongo un puchito de fichas.
Y así estoy, entusiasmada fantaseando con esas callecitas que conozco bien (uno de las opciones es mudarnos a este lugar) con un proyecto nuevo, que se siente como una ráfaga de aire fresco en la cara. No sé si sucederá, aprendí -a los bifes también- a no hacer más planes. Pero qué lindo lo que estoy sintiendo.
Ojalá que sí.

domingo, 28 de junio de 2015

Cinco meses

Cinco meses sin vos, mi pulga, mi cielo, mi todo. Te extraño como el primer segundo que pasé sin tu peso en mis brazos, pero cada instante vivido con vos vale mil veces esta infinita tristeza.
Te amo, mamá

viernes, 26 de junio de 2015

Pequeños cambios, grandes logros

Siempre me costó decir las cosas difíciles, nunca fui de las que te cantan las 40. Supongo que por mi extraña necesidad de agradar, cierto pavor a las peleas, una incomodidad innata frente a la posibilidad de herir o simplemente por mi personalidad, un gran combo, no lo sé, siempre me costó decir las cosas malas y muchas veces me las guardé, solo para no tener que lidiar con la situación. El problema es que lo no dicho se queda adentro y uno empieza a darle más vueltas de las saludables, entonces todo ese paquete de ideas rumiadas se convierte en una carga negativa difícil de ubicar. En esta nueva etapa que estoy armando, este defecto heredado no tiene lugar. Con la recaída de mi papá me asombré al escucharme decir: "No puedo ni quiero hacerme cargo de esto sola como la otra vez". Y funcionó: no solo no pasó nada malo (la gran fantasía que tenemos las hiper-responsables), sino que se armó la red a mi alrededor y entre todas nos vamos distribuyendo las responsabilidades. Se ve que con este resultado positivo reforcé el proceso, y así empecé a despuntar el vicio. Me di cuenta de que cuando las cosas se dicen con amor no hay límites para lo decible. Cuando el verdadero objetivo es comunicar -no explotar, ni agredir, ni demostrar hartazgo, sino resolver-, y cuando esa intención busca la mejor manera de expresarse, no puede fallar.
Hace un par de días recibí unos mensajes de mi amiga F. en los que me contaba que se acababa de acordar de Emilia. Esto es muy frecuente entre mis amigas y me encanta que así sea, sobre todo que me cuenten por qué la recordaron, o los sueños en los que la sueñan. El problema es que mi amiga F. tiene una visión muy dramática de la vida, que va en sentido contrario al rumbo que trato de darle a la mía. Así fue como me contó que estaba en el kinesiólogo, que había muchos bebés con bronquiolitis esperando para sus masajes, y que ella se ponía mal de escucharlos llorar; acto seguido se había angustiado pensando en su hija y luego se había sentido ridícula al ponerse mal por eso, después de todo lo que Emilia y yo habíamos tenido que pasar, que es terrible. Zaz. Se me cerró la garganta; la sonrisa se me congeló en una mueca dolorosa. En otro momento hubiera hecho algún comentario para salir del paso, hubiera cambiado de tema, y la hubiera evitado en lo sucesivo para no exponerme a potenciales nuevos comentarios de esa índole. Pero ahora no, ahora estoy practicando para transformarme. Entonces después de meditarlo unos instantes le contesté que no lo tome a mal, que lo que le iba a decir proviene justamente del amor que le tengo; que yo todos los días hago un gran esfuerzo por levantarme y ponerle una sonrisa a la vida y que los comentarios de esa clase me hacen mal. Que sé que habla desde la empatía y que me quiere decir que me entiende, pero que me serviría más que me ayude a recordar lo bello que hubo y que me acompañe a recorrer todo lo bueno que seguramente vendrá. QUÉ LIBERACIÓN. Puedo. PUEDO.
Por supuesto mi amiga se quiso morir, me pidió un millón de disculpas, se sintió horrible, etc. etc. No importa. Lo que importa es que: 1) No me quedé rumiando: lo saqué. Fuera bicho. 2) Ella va a tener más cuidado la próxima vez. Misión cumplida.
Cosas que eran tan complicadas, se van haciendo simples. Qué felicidad.
Gracias Emilia, gracias homeopatía, gracias N. ♥

lunes, 22 de junio de 2015

10 meses y un día del padre

Ayer fue un día especial. Especial porque Emilia hubiera cumplido 10 meses, y especial porque fue el día del padre. Entre lágrimas, unos días atrás IC me había anticipado que no quería regalo, que no tenía nada que festejar, que el había sido padre pero que ya no lo era, etc. Yo le dije que eso no era cierto. Él es el papá de Emilia y eso nada lo va a cambiar, ni siquiera el hecho de que la leoncita de la casa no esté con nosotros en este plano. Él fue más padre que muchos padres. No solamente le cambió el primer pañal, le dio la mamadera, la vistió, la bañó, la arrulló, la amó, durmió con ella, la hizo jugar, le calmó el llanto por los cólicos, descubrió sus posturas favoritas, la paseó por toda la casa, la llevó a vacunar, a la pediatra, a cada ecocardiograma, aun teniendo que hacer malabares con su trabajo, sólo porque quería estar. La alentó, la arengó, la hizo reír, la besó hasta cansarla, la dejó colgarse de su barba a pesar de quedarse siempre con unos cuantos pelos menos, le preparó las mamaderas, le permitió saltar, estar con otros chicos y jugar, le permitió vivir plena y feliz, incluso sabiendo el riesgo que corríamos. No solo todo eso, que ya de por sí es tanto, sino que además le tocó bailar con la más fea y lo hizo con amor, con entereza, con altura, generosidad y valentía. Él la consoló y le calmó el hambre a fuerza de morisquetas y hamacadas durante ese eterno y horroroso 28 de enero, cuando tuvimos que tenerla en ayunas horas y horas antes de la operación. Él la hizo reír escondiendo su terror. Él me dejó que yo la acompañe hasta el quirófano sin chistar, porque sabía que era lo mejor para ella, a pesar de sus ganas de agarrarla y no desprenderse más. Él sonrió en esa última foto que nos sacamos los tres, a pesar de las lágrimas en sus ojos. ¿Qué es eso, sino un gran padre?
Tal vez no hubiera mucho para festejar, es cierto... pero cómo no celebrar haberla tenido entre nosotros, habernos convertido en padres gracias a ella, haber aprendido lo que es esa clase única e inigualable de amor... De eso no se vuelve. No se vuelve de ser padre, aunque nos toque vivir más que ella.
Así que como regalo le compré un libro de cocina que sabía que quería (Recetas de bodegones, de Pietro Sorba, muy recomendable para los gorditos de alma como nosotros), pero se lo di la noche anterior, para aminorar el impacto. Estuvimos horas eligiendo la receta con la que nos íbamos a agasajar, fuimos a comprar los ingredientes, y entre chin-chines y ajos picados nos demostramos, una vez más, que podemos ser felices. Incluso incompletos.

viernes, 19 de junio de 2015

La magia

La primera vez que usé los test de ovulación (TO) pensé que no andaban. O que yo no andaba, o que la combinación de ellos y yo no funcionaba. Luego (este año, para ser más precisa) descubrí que ovulo tardísimo y que no era que no funcionaran, sino que yo los tiraba por ahí, decepcionada, justo cuando la cosa estaba por empezar a andar. El otro descubrimiento que hice este año es que los Unitest, que son los más baratos del mercado, son mucho menos sensibles que los Evaplan, que te salen un óvulo de veinteañera. Ergo, en mi caso, que se nota que produzco poca hormona LH (mala señal), tengo que agarrar una lupa y ponerme bajo la lámpara del velador para adivinar ver la segunda raya, cuando sale. Como los instructivos indican que para que sea positivo "la segunda raya tiene que tener la misma o mayor intensidad que la de control" deduje erróneamente que nunca me daba positivo, cuando en realidad ese paupérrimo positivo, mitad real mitad adivinado, era lo más que yo iba a lograr -hasta el momento- con los Unitest. Los caros, por el contrario, son mucho más sensibles, y si bien nunca logro esas rayas de más intensidad que la de control, sí obtengo unos evidentes positivos, pero salen más guita y los reservo para los momentos claves.
Toda esta digresión tiene sentido, acá va: este último tiempo volví a meditar; seguí con yoga; me tragué el limón; hice visualizaciones; incorporé almendras y semillas en mayor cantidad; hablé a calzón quitado con Emilia y con lo que sea que haya más arriba -Dios, Naturaleza, Cosmos, you name it-; arranqué con Maca peruana; me preparé unos cuántos brebajes mágicos tés de romero, sauco y salvia, cuando no té verde, y me puse el mix de piedritas que me dio mi hermana sobre la panza antes de dormir, entre otras tantas cosas que ya ni recuerdo. Soy consciente de que dicho así, de corrido, puede dar la impresión de que mordí banquina y que estoy peor que antes, lo sé. Pero juro que no. Este mes fue el mes que me sentí más tranquila, menos ansiosa y menos obsesionada que nunca, pero al mismo tiempo, también, más conectada con una persona que jamás fui (o que hasta ahora jamás dejé ser; ignoro). Digamos que todo este cambio del que vengo hablando, la homeopatía y la mar en coche, me llevó por lares insospechados. Nunca me interesó NADA de todo esto que ahora me reconforta. Y lo mejor es que no es que me obligo a probar cosas nuevas como "plan de curación", ponele, sino que me surge. Natural. Espontáneo. Genuino. Como una nueva necesidad, desconocida, que me lleva a hacerlo y a creer que me va a hacer bien, que es lo más lindo de todo. Entonces ahí estaba yo, medio dormida, como de costumbre, pronta a hacerme el mismo Unitest garcha de siempre y esperando la consabida tibia rayita porque estaba entrando en zona roja. Grande fue mi sorpresa cuando unos minutos después me encontré con dos rayas iguales. IGUALES. Nunca visto, en mi vida. Para las racionales como yo, va el dato de que el Unitest que usé era uno que me había sobrado del mes anterior, o sea, no hubo cambio de partida. Al día siguiente, de nuevo: dos rayas iguales, hasta que al oootro día volvi a ver la segunda raya bajar y todo volvió a la normalidad.
Esto no quiere decir que voy a quedar embarazada este mes (ojalá que sí), ni el que viene (ojalá que sí), ni nada, solo quiere decir que a través de estos cambios a los que llegué con mucho dolor logré conectar con algo adentro mío que me hace mucho bien y que de alguna misteriosa manera repercute en mi cuerpo.
Magia pura ♥

miércoles, 17 de junio de 2015

Bienestar

Los análisis hormonales que me mandó a hacer mi ginecóloga dieron, en general, todos bien, salvo por el estradiol que dio bajo y la FSH, un poco alta. Donde digo que "el estradiol dio bajo", debe leerse, en realidad, MUY bajo (la mitad del mínimo), lo cual puede indicar falla ovárica, qué se yo. Guglié un cachito y después abandoné, porque con esto de explorar nuevas formas de ser y vivir Dr. Google no se lleva bien y prefiero directamente que lo evalúe mi doc. (esto sí que es un cambio notable: esperar para la interpretación de un resultado no es de mis actividades favoritas). Por el contrario, ese día decidí que por cada mala noticia que recibiera iba a equilibrar el universo dándome una gratificación, como para compensar. Así que me fui a Coto y compré un bandeja de langostinos que hice a la plancha y salieron de rechupete, y me sentí muy feliz, con los dedos sucios y el olor a mar impregnado por dos días en la cocina. Porque no, ni la mala onda, ni las malas noticias me van a vencer (por ahora). 
Como verán, sigo disfrutando de la buena racha. 
Gracias Emilia, pompón de cielo, ojos de mar; gracias homeopatía; gracias N. ♥

jueves, 11 de junio de 2015

Seguir con el cambio

No me reconozco. En el buen sentido y espero que dure. No sé si la homeopatía, el cansancio, el tiempo, el aprendizaje, si Emilia me da una manito desde donde esté, no tengo idea qué de todo, o si todo junto, en alguna medida, pero lo que si sé es que me siento bien. No *bien iupi* ni bien de ser re feliz porque me falta ella y no creo que la felicidad vuelva a sentirse como una esfera completa nunca más, pero sí me siento distinta, alegre, con más energía, con MUCHA más calma, con menos ansiedad, con más ganas de aceptar y menos ganas de controlar. Con necesidad de andar caminos nuevos, cambiar cosas, probar cosas, mover fichas. Ganas grandes de tratarme bien, de hacer cosas porque sí, porque me dan placer; ganas de respetarme, de escucharme, de hablar para arriba, como si alguien me escuchara. Ganas de pedir, sabiendo que no puedo con todo. Ganas de pintarme las uñas, hacerme un baño de crema, mirar una película que solo me gusta a mí, incorporar nuevos hábitos como ese medio vaso de jugo de limón que me recomendó N., qué se yo, ahora es el limón milagroso, pero voy todas las mañanas media dormida a la cocina y me lo exprimo, y me lo chupo sin chistar, con cara de "lo que no te mata te fortalece", convencida de que me va a hacer bien, y qué lindo que es creer.
Me mueve una profunda sensación de hastío, de cansancio infinito, de que en gran parte seguí siendo todos estos años la nena que ponía más fuerza de la posible en evitar que se cierre la puerta destinada a cerrarse. Siento que llegué al final del camino y que me esperaba una pared. Fin. Hasta acá llegué.
Tengo ganas de fundarme un estilo de vida basado en cosas nuevas, simples y buenas para mí.
IC, como siempre, acompaña y se suma.

viernes, 5 de junio de 2015

Otra consecuencia

Otra consecuencia de que mi corazón esté al mando es que él no decide por comodidad, ni estrategia, sino por intuición y por sus ganas de no pasarla mal. Digamos que mi corazón es un gordito bonachón que ya adelgazó demasiado después de lo de Emilia y no quiere más tu tía. Basta de estrés, gracias. Así fue como me hizo anular el turno que había tomado con un nuevo médico de fertilidad: me avivó de que empezar de cero me ponía nerviosa. No sé por qué, pero de pronto no quise. ¿Impulso? ¿Instinto? No soy muy de darles bola habitualmente, pero justo estoy en esta fase y necesito un cambio. Y para colmo, me llaman del instituto para avisarme que el doc nuevo se iba a un congreso justo desde el día en que tenía mi turno hasta fin de mes. Lo tomé como una señal. Le escribí a mi doc viejo, con el que no había hecho gran empatía, pero con ganas de hacerla. Retomé ese mail donde le contaba que suspendía el nuevo tratamiento porque había quedado embarazada de Emilia, y él se reía, me felicitaba y me decía que hiciera vida normal y progesterona una al día. Le conté todo lo más brevemente que pude, y la conexión se hizo. Lo veo el 2 de julio.

Bastón de mando al corazón

No sé si es producto de la medicación homeopática, un efecto cascada, mero cansancio mental o ganas de poner en penitencia a mi cerebro, pero adentro mío hubo un conciliábulo espontáneo -al que mi conciencia no fue convocada-, en el que los miembros asistentes (ignoro cuáles) decidieron por unanimidad que muchas gracias por todo pero es hora de que el bastón de mando pase de la razón al corazón. Así fue como, por ejemplo, frente a la crisis de mi papá, acostumbrados a los habituales plan A, plan B y plan C por las dudas que suelo armar en dos minutos, todos me preguntaban "¿Qué hacemos?", "¿Qué te parece?", "¿Qué opinás?", y yo NADA. Cero. Cara de vaca pastando. Piiiiiiiiiiiip, línea plana. Mi respuesta era siempre la misma: "Ni idea, iremos viendo". Imposible lograr un plan, una previsión, una anticipación. Y fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo: mi corazón creyó que yo no iba a poder sola, o que no debía poder sola, y me hizo pedir ayuda. Así fue como mi mamá tomó las riendas, mi hermana se involucró, y entre todos estamos tejiendo la red que mi papá necesita. El resultado es que él está mucho mejor, y que yo estoy comprobando, felizmente, eso de que las penas compartidas son medias penas.
Genio corazón, sos mucho más copado que el inquilino de arriba, sabelo.

martes, 2 de junio de 2015

La locura, el desborde

Mi papá, de joven, además de ser mi héroe personal en la niñez, fue un gran intelectual, un investigador con dos carreras universitarias y manejo de 8 idiomas -entre lenguas vivas y muertas-, abocado a intereses muy específicos de historia de las ciencias. Eso fue antes de separarse de mi mamá, y, sobre todo, antes de ir perdiendo progresivamente la razón.
Ahora, es un señor jubilado que lee novelas todo el día y repasa con manos temblorosas -cortesía de la gran cantidad de medicación- el cronograma que con paciencia y lealtad le hizo mi mamá este domingo: el lunes lo pasás con tal, el martes con cual, te quedás a dormir acá, vas al médico allá, escenario de emergencia creado ante un nuevo brote psicótico que apareció con más fuerza que nunca, y que nos obligó a interrumpir actividades varias el viernes a la noche para correr, con el corazón en la boca, a su rescate.
Si ver (y aceptar) el envejecimiento de los padres es una tarea difícil, no puedo explicar lo terrible que es sumarle el deterioro de la razón, aunque en su caso no se trate de crisis constantes, y pueda vivir más o menos normalmente solo, entre brotes que, por suerte, se dan bastante espaciadamente.
En cuanto a lo que me atañe, y considerando el estado de ánimo que los acontecimientos de estos últimos tiempos han ido forjándome, estoy empezando a sentir que mantenerme optimista es un acto rayano a la negación de la realidad.
Estoy MUY cansada y enojada
VIDA, DAME TREGUA

jueves, 28 de mayo de 2015

El homeópata

Mi amiga N. me diseñó un combo de salvataje basado en su propia experiencia. Así fue como movió cielo y tierra para que su reikista cordobés -que también se iba de viaje por el finde largo- nos atienda a IC y a mí un sábado temprano por la mañana. No nos hizo reiki sino que habló con voz profunda y cálida sobre cuestiones ligadas a nuestros antepasados, de cargas que arrastramos, de Emilia y de energía. Yo, que soy escéptica pero no estúpida, sé que me conviene abrir un poco mi mente en este momento simplemente para sentirme mejor, así que dejé los prejuicios guardaditos acá en Buenos Aires y me permití disfrutar de un encuentro en el que, entre otras cosas, se me vaticinó un varón. Me sentí bien, salimos contentos, misión cumplida.
Pero N. también me conminó a hacer una cita con su homeópata, cordobés él, pero residente acá, en capital. Primero protesté bastante porque el médico en cuestión (cirujano, según constata su diploma) tiene unos honorarios envidiables, pero, como según mi amiga "vale cada peso", di vuelta los bolsillos y carteras en un día de paro bancario sin plata en los cajeros, y allá fui. Una hora cuarenta y cinco minutos después salí del consultorio impresionada. El medicamento que me recetó contempla ciertas características de personalidad y del cuerpo muy específicas (tan específicas que nunca se las comenté a nadie, como por ejemplo un rush entre los omóplatos que siempre me desconcertó), así como también describe mis posiciones de dormir, mi reacción frente a la lluvia y los truenos (amo), mi relación con la altura (vértigo), mi alimento preferido, y un largo etc. que, cuanto menos, me llama la atención. Pero lo que más me gustó fueron los diez minutos que charlamos de parados, mientras me acompañaba a la puerta. Ahí me dijo que esta es una experiencia más para vivir, que el criterio de "mejorar" es muy mental y que al cerebro hay que tenerle desconfianza. "¿Cómo se llama el producto de la mente? Pensamiento. Ojo con la mente". Que tengo que centrarme en lo mucho que tengo para agradecer, aunque parezca raro. Porque si bien mi experiencia fue muy dura, también es cierto que el tiempo es una categoría mental. Que lo que importa no es la linealidad del tiempo, en donde sí, podemos pensar que la vida de Emilia fue muy corta. Hay que centrarse en que ese tiempo que ella vivió, mucho o poco, fue pleno y feliz. "Qué importa cuánto, para qué queremos tanto. Cuántos ancianos vemos amargados, que uno se pregunta para qué quiere vivir así, mientras que a veces hay artistas que viven tal vez treinta años, pero en esos treinta años vivieron con una plenitud que a nosotros quizás nos lleve 80. El tiempo es un concepto de la mente, lo que importa es la energía". Y después hablamos de budismo y de Lao Tsé, y de otras cosas que ya no recuerdo. Y después me fui a la farmacia de la esquina a llevarme mi preparado en un frasquito de vidrio marrón, y me volví a mi casa, tan metida en el recuerdo de la experiencia que la hora de viaje se me convirtió en nada. Teletransportación.
Hoy me levanté completamente calma, y tomé mi primera dosis. No sé si el remedio me hará algo o no, pero el homeópata definitivamente sí.
Hoy se cumplen cuatro meses de que mi hija se convirtió en luz, y es la primera vez que puedo transitar un 28 sin angustia. Gracias, doc. Gracias, N.

Cuatro meses

"Yooo soy la pulga que sopapea a todas las pulgas! Que vengan en filita nomás, pero que vengan de a una que si no me asusto", te decía yo, teniéndote sentada frente a mí, y vos te reías pícara, como si entendieras. Esa sos vos, Emilia, mi princesa, mi chiquitina, mi porotita; la que daba besos sin ruido a los cinco meses; la que se arrastraba por la cama, quejándose por el esfuerzo de un intento de gateo demasiado precoz, a los tres, y le pegaba grandes bollos al gimnasio al mes. Sos la que saltaba incansable, aun con medio corazón. Sos mi sueño, sos mi ejemplo.
Cuatro meses sin vos, mi todo.
Lo siento. Perdón. Gracias. Te amo.
Te extraño, siempre.
Mamá

martes, 26 de mayo de 2015

El amor sana

Conocí a F., el pequeño cordobés hijo de mi amiga N. y tal como quería creer que iba a suceder, se me pasó todo. La comparación, la mezquindad en ciernes, la envidia posible, todos esos fantasmas que me torturaban hacía meses desaparecieron con su risa de delfín y sus ojos chinos. Recibí más amor seguramente del que di, y sané un poco más. Recordamos a Emilia, vimos fotos, algunos videos, nos emocionamos, tomamos mate con criollos y hablamos de su bebé en camino, de la vida, de la muerte. Me dio a su hijo y lo sentí mi sobrino.
Pasé un fin de semana sumergida en amor, amistad y fraternidad, y volví renovada.
Anoche, desde el micro que me traía de vuelta a esta lluviosa Buenos Aires, le pedí que me agregue nuevamente al grupo de whatsapp.
Siento que avancé algunos casilleros, pero por sobre todo, disfruté.
Emilia, por supuesto, estuvo ahí, siempre ♥

viernes, 22 de mayo de 2015

Síntesis

Fui a mi obstetra/ginecóloga esta mañana y le llevé mis estudios de rutina: podemos tildar el casillero de chapa y pintura en ese sentido (Tita Merello me daría una cocarda). Ahora bien, en esta oportunidad íbamos a avanzar sobre el tema "ciclos con clomifeno", peeero me lo pospuso. Dice que hay riesgos de embarazo múltiple y que todavía es muy reciente la cesárea. Yo sonrío frente a su optimismo y acepto, qué más puedo hacer. Igual tengo turno con médico de fertilidad nuevo para el 12 de junio, así que no desespero. Mientras tanto, me dio receta para una ristra de estudios hormonales que van a ayudar a ver dónde estamos parados.
En el interin seguí haciendo pis sobre palitos, y la conclusión es que ovulo tarde. MUY TARDE. Tanto, que no tengo idea cómo logramos que quede embarazada dos veces, jamás le embocamos más que de casualidad. Misterio.
Y llegó el día de viajar a Córdoba! Mi amiga N. está igual de feliz, ansiosa y asustada que yo, así que llevo unos tres paquetes de pañuelitos descartables en la cartera, para empezar. Todo esto si no pierdo el micro, porque los horarios que manejamos hoy son un poco jugados.
En otro orden de cosas, ayer se cumplieron 9 meses desde que nació Emilia ♥
Nunca jamás voy a volver a ser la misma.

jueves, 14 de mayo de 2015

Las raras vueltas de mi mente

Después de la bajada de presión inicial al enterarme del embarazo de N. y de la subsiguiente normalización de mis emociones, todavía restaba por verse cómo iba a seguir la cosa adentro mío con el correr de las horas.
Bueno, parece que todo marcha en un sentido completamente inesperado por mí: me siento aliviada. Me siento contenta por ella. Me siento tranquila.
Creo que tiene que ver con que N., nuestros hijos y yo formábamos en mi mente un cuarteto en el que la ausencia de Emilia se sentía horrores. Con su partida nos convertimos en un trío maltrecho, en un cuarteto que tenía por miembro un angelito, un pedazo de luz, un soplo de viento. Ahora, con el nuevo embarazo de N. esa figura vuelve a modificarse y algo en eso me alivió. No sé qué. Son puras conjeturas.
También su embarazo me llevó a sentir (pensar lo pensé siempre) que este no es mi momento de búsqueda de un bebé, es mi momento de duelo por la hermosísima bebé que tuve y que perdí. Por supuesto que sería mega-archi-recontra-remil feliz si quedara embarazada nuevamente, no es que me hago la superada, por supuesto que voy a seguir haciendo pis en el palito y buscando y decepcionándome si no lo logro, pero lo que quiero decir es que tengo mi alma, mi mente y mi corazón puestos en elaborar, procesar y aceptar todo lo que nos pasó con Emilia, y que si yo no me sintiera presionada por los 39 años que me picotean la cabeza cada mañana, digamos por ejemplo, si yo tuviera 30, seguramente no estaríamos buscando ahora. Y por alguna extraña razón, este atadito de reflexiones inconexas me trajo mucha paz.
Hola paz, bienvenida. Quedate un rato ♥

martes, 12 de mayo de 2015

Viajar a Córdoba. Update

Mi amiga N. me escribe esta mañana que me tiene que contar algo. Le cuesta hacerlo, porque sabe que estamos en la búsqueda, pero soy su hermana de la vida y me lo tiene que contar: está embarazada.
Sorpresa. Mezcla de emociones. Primero, para ser sincera, me bajó la presión. Tuve un asomo de celos. Porque sí, por mi historia entera, por la de tantas mujeres, porque fue sorpresa, se cuidaron mal después de F. y acá están: atraso de cinco días, pis en el palito, evatest, beta positiva. Imposible que no me de envidia.
Pero después vino mi amor por ella. Su generosidad conmigo: me presentó al hombre de mi vida. Estuvo para mí cada vez que lo necesité, incluso cuando para estar tuvo que dejar lo más preciado de su vida. En fin, nada, que la quiero. Que me alegro, aunque sea con una mueca de dolor en el fondo del corazón. Que voy a ser tía de nuevo. Que triunfa la vida, aunque no sea mía ♥

Viajar a Córdoba

Fue como un impulso salido de la nada: de pronto, quise tremendamente viajar a Córdoba e ir a ver a N. No sé si estoy o no preparada para conocer a su hijo F., el que tiene 15 días menos que Emilia, el que me la recuerda en cada foto por esa inevitable comparación: "Mirá, Emilia ya se sentaría", "Oh, qué grande está F., Emilia ya estaría así"... Va a ser un encuentro muy fuerte por muchas razones, pero quise hacerlo. Ella dejó a su bebé de cuatro meses y medio sin dudarlo ni un segundo cuando hizo falta para venir a darnos un abrazo, a asegurarse de que comiéramos bien, durmiéramos algo, en fin, para acompañarnos. Sé que ella desea que lo conozcamos y le quise dar ese regalo. No sé por qué, me salió del fondo del corazón.
La misma noche que saqué los pasajes soñé que veía a F. y era igual a Emilia, pero versión varón, y yo pensaba "Miraaa, tiene los mismos ojos de Emilia, qué loco". No, por suerte nada que ver, los ojos de F. son oscuros y achinados, es un muchachín grandote y morrudito y físicamente no me la recuerda en nada, salvo por la edad: esos 15 días que ahora se interponen entre la vida y la muerte, y ya no significan nada. Es un trance que quiero pasar, una valla que quiero saltar. Tal vez después pueda volver al grupo de WP.
Tal vez sea la forma de seguir dándome cuenta de que ningún bebé del mundo es ella.

martes, 5 de mayo de 2015

Y al final, salí del grupo

El día que se cumplían tres meses de la partida de Emilia miré el celular y habían 101 mensajes del grupo de Whatsapp. Todavía media dormida empecé a seguir el hilo de la conversación que había tenido lugar la noche anterior: S. (la que recientemente fue mamá) se desahogaba de sus problemas de sueño, alimentación, teta, falta de tiempo libre para poder siquiera cocinar, beba que quiere upa todo el tiempo, etc.; el resto que ya tiene sus hijos daba consejos, opinaba; N., cuyo bebé 15 días menor que Emilia todavía no duerme de corrido se quejaba de sueño, etc. Y así todo. Yo iba y venía con el celular, leyendo y leyendo hasta que me di cuenta de que necesitaba sentarme. Lo hice, sobre el costado de la bañadera; me miré la cicatriz de la cesárea. Se me llenaron los ojos de lágrimas y decidí salir.
No puedo culparlas, la vida sigue; la que no sigue soy yo. O sigo, pero distinta. Estuve en el lugar en el que está S. ahora, y tuve las mismas dudas, las mismas preocupaciones, pero ahora me toca pararme en una vereda desde la cual sus problemas se ven como el paraíso.
Les expliqué en un breve mensaje cuánto las quiero, cuánto me hacen reír, cuánto me apoyaron todo este tiempo, pero también la delicada situación emocional en la que me encuentro, mi deseo de que puedan hablar de lo que tengan ganas, pero también de resguardarme, y les dije que en cualquier momento vuelvo. Y chau picho, me salí.
Igual, las extraño ♥

lunes, 4 de mayo de 2015

El llamado

Promediaba la tarde del jueves y ya estaba pensando en el fin de semana largo, cuando de pronto llamaron a mi celular desde un número desconocido. La conversación que siguió fue más o menos esta: 
- "Hola, ¿con la mamá de Emilia? 
- "Sssi...", balbuceé extrañada. 
- "¿Qué tal, cómo estás? Te hablo de Instituto Cardiovascular Infantil [donde le hacíamos los controles], llamaba para saber cómo está Emilia, cuál es su estado general, porque estamos programando su operación y...
SORPRESA. DOLOR. IRRITACIÓN. LLANTO. En ese orden, o todo junto, no sé.
- "Mirá, su cardióloga es la Dra. Fulana de tal y ella debería haberles informado que mi hija falleció hace exactamente tres meses y un día, luego, justamente, de una larguísima operación. ASÍ QUE NO ENTIENDO BIEN CÓMO ES QUE ESTÁN PLANIFICANDO NADA -Todo esto, por supuesto, llorando acongojada, tanto que ni sé cómo hizo esa chica para entenderme.
Un millón de disculpas. Me preguntó si la habían operado en el Anchorena. Le dije que sí. Más disculpas, qué se yo, corté. Me quedé temblando un rato. 
Qué locura. 

Las gaviotas vienen volando

Hay veces en las que las buenas noticias ajenas nos resultan hirientes, provocativas, dolorosas y todo se vuelve una nube gris y deslucida.
En cambio hay otras veces, las mejores, en las que las buenas noticias ajenas se sienten como propias, como victorias compartidas, alegrías que se duplican, se llaman unas a otras, se van desplegando como la soga de pañuelitos de colores que algún mago diestro saca por metros de su minúsculo bolsillo. La buena noticia es que la dulce Amapola ve venir a sus gaviotas volando suavecito hacia ella y su compañero de aventuras. Y se siente como un "YES, WE CAN" pero autóctono, bien de acá, como el mate, el tango, el dulce de leche y la legión de luchadoras que todos los días nos cantamos mentalmente este estribillo que hoy le dedico especialmente: "Vamos a punguearle a esta vida amarreta un ramo de sueños".
Suerte querida Amapola, lo mejor está por venir ♥

martes, 28 de abril de 2015

Tres meses

Tres meses sin vos, mi todo.
Te extraño, te amo, ojalá de alguna extraña manera lo sepas ♥
Mamá



lunes, 27 de abril de 2015

Conocer a una amiga

Fue, ni más ni menos, como lo descibió: juntarse a "conocer a una amiga". De eso se trató la tarde, de aprehender un rostro nuevo, descubriendo en él la familiaridad de las palabras leídas. La observé fascinada, como amigas de muchos años que se olvidaron las caras y ahora las redescubren, como si su rostro fuera uno de esos juegos infantiles de unir puntos, solo que en vez de puntos era unir historias y personas y recuerdos y anécdotas; unir lo leído, lo intuido y lo imaginado, con la persona real frente a mí. Ahondamos en detalles dispersos, rellenamos las partes que nos faltaban, saltamos de un tema al otro, reemplazamos lo que fantaseamos por lo que era. Encontramos más cosas en común. Nos reímos, nos emocionamos. Escuché una afirmación maravillosa. Es fresca, es genuina, es positiva, es sana, es dulce, es linda y me encantó conocerla en persona.
Gracias Amapola, hasta la próxima ♥

martes, 21 de abril de 2015

Ocho meses atrás

Exactamente a esta hora nacía Emilia hace 8 meses atrás.
Te amo mi chiquita, buceadora de cielos, saltarina de nubes.
Mamá.

miércoles, 15 de abril de 2015

Dos días

Dos días sin llorar lágrimas gordas y calientes, sin el puñal hurgándome en el alma, sin el rictus de dolor transformando mi cara en la careta triste del teatro.
No es valentía, como algunas de ustedes piensan. Esto solo está pasando por IC.
Es como cuando dejamos de fumar: yo no volví a caer en el vicio por él; él no volvió por mí. Sabíamos que el primero que cayera iba a arrastrar al otro, y todo el esfuerzo que no éramos capaces de hacer por nosotros mismos, sí podíamos hacerlo por el otro, y más.
El domingo a la noche IC se desmoronó. Hasta ahora, si bien se emocionaba, lloraba y la extrañaba, nunca lo había visto vaciarse de dolor. Solía ser yo la del duelo a la vista 24/7, pero el domingo le tocó a él.
Lloró, lloró, lloró y lloró más, y habló sin que pudiera entenderle nada al principio, y lloró más tranquilo después, y siguió hablando y ahí entendí que lloraba porque la extraña, porque no llegó a pasar un día del padre junto a ella, porque quiere volver a perderse en la profundidad de sus ojos y que su risa lo traiga a la realidad. Lloró porque extraña volver a casa del trabajo y escuchar el cotidiano "¿Quién llegóóóó? ¡Llegó papááááá! Hoooolaaaa papááááá" y verla hacerse la linda con él -porque sí, aunque no lo crean a los cinco meses ya se hacía la linda con su papá y era de lo más hermoso verlos, tan enamorados. Lloró porque le cantaba "Baby don't worry, about a thing, 'cause every little thing 's gonna be all right" y siente que le mintió. Lloró porque finalmente se nos cumplió el deseo de sufrir en su lugar, pero la puta madre, cómo duele.
Y yo, mientras escuchaba lo que me decía oí lo que necesita: poder apoyarse también en mí, aliviar la carga, no estar siempre para consolarme. Necesita verme bien para poder estar bien.
Y en eso ando, intentando estar bien por él, por ella, y por mí.

martes, 14 de abril de 2015

Y un día no lloré

Me emocioné con recuerdos, pero no lloré de dolor.
Vamos que se puede, Emilia, dame fuerzas.
Un día a la vez ♥

lunes, 13 de abril de 2015

El comentario desatinado

Cuando Emilia partió, IC le pidió a una vecina con la que tenemos confianza que se encargara de avisarle a los demás lo ocurrido, como para evitar que todos nos preguntaran por ella al vernos volver solos. Esta vecina cumplió, y encontrarnos con el resto fue menos dramático de lo que nos habíamos imaginado. En general, al cruzarnos en algún pasillo, los más cercanos nos dieron un fuerte y silencioso abrazo; los demás se hicieron los boludos, a lo sumo algún comentario sobre el clima, el nuevo súper que van a abrir en el barrio o sobre la perra que chumba cuando la dejan sola.
Pero está este vecino que evidentemente no habla con nadie y que, evidentemente también, no se enteró de lo acontecido. Con él ya nos cruzamos la semana pasada y se nota que registró que estábamos sin la beba. Ayer volvió a ocurrir: nos cruzamos fugazmente en la cochera.
Muy domingo, mucho silencio, se ve que el vecino en cuestión se sintió en la obligación de hacer algún comentario, y en un triste intento por ser gracioso, nos tiró: "¿A la nena ya la regalaron??".
Nos quedamos tan perplejos que no pudimos más que balbucear unos tímidos [estúpidos] "Sí, sí", mientras intentábamos a toda máquina procesar lo desatinado del comentario. "Hacen bien, yo también al mío", contestó mientras subía al ascensor para seguir con su vida, todo contento de su broma.
Las puertas se cerraron; IC y yo nos miramos, atónitos. Y el domingo nos aplastó de pronto con todo su furia, con todo el peso de la ausencia, con todo su dolor.

viernes, 10 de abril de 2015

Las amigas, la verdad

Después de este viaje armamos con las chicas un grupo de Whatsapp.
Fue hermoso tenerlas tan cerca durante el resto del embarazo, el nacimiento de Emilia y todo lo que vino después, presentes con el cotorreo cotidiano, como si estuviéramos acá a la vuelta con la pava en el fuego, a punto de tomarnos unos mates. En todo este tiempo nació, vivió y murió mi hija; los hijos de L. y también los de la otra L. siguieron creciendo; nació el hijo de N.; mi amiga P. quedó embarazada por inseminación y lo perdió, y S. quedó embarazada de una nena, que nació ayer.
Durante los cinco meses de Emi subí fotos y videos para que las tías babosas vieran crecer a nuestra leona. Cuando ella partió, todas largaron a sus hijos con sus maridos, pararon sus laburos, frenaron sus trámites y se tomaron el primer micro/avión que encontraron para correr a acompañarme. Fueron las que se ocuparon de que tanto IC como yo comiéramos, durmiéramos y riéramos a pesar de la tragedia que nos había partido al medio, organizándose en grupos y turnos para hacernos las compras, cocinar y todo lo que hiciera falta. Ese grupo de hermosas mujeres, laboriosas, humanas, enérgicas emprendieron con amor, junto a mi mamá, la tarea para la que no me daba el corazón: doblar y guardar toda la ropita de Emilia, sus toallas y sábanas limpias que andaban dando vuelta por la casa. Acomodaron su habitación como para que me quede un lindo lugar al que siempre recurro cuando así lo necesito, mayormente para llorar abrazada al oso gigante que nos regalaron y del que creo que nunca hablé, pero que aparece en la foto de esta horrible entrada.
Pero la vida sigue. Ellas volvieron a sus familias, yo ya no subo fotos. Ellas siguen acompañándome como siempre, pero de a poco van volviendo a la normalidad. Y N. empieza, tímidamente, a volver a subir fotos de su bebé (que nació 15 días después que Emi), y S. acaba de tener la segunda nena del grupo y por supuesto pone fotos de su linda bebé. Y yo. Yo me debato entre el amor que les tengo a ellas y a sus hijos, lo lindos que los veo, lo que me alegro de que estén bien, sanos, creciendo, viviendo, y la enorme envidia y el dolor, el enojo y la bronca que sin querer me generan. Porque con cada una de sus fotos revivo la ausencia de mi hija. Me da dolor no poder alegrarme genuinamente, no poder dividir los tantos, no poder sentir solo lo primero que siento (que por lo general es bueno), sin el pinchazo amargo que me viene inmediatamente después.
La solución inmediata -salir del grupo-, no puedo, ni quiero tomarla por un millón de razones. Solo me queda esperar que con el tiempo se me vaya el pinchazo amargo. Y también desear que pueda volver a subir, yo también, algún día, lindas fotos y videos, aun a pesar de que creo que nunca voy a dejar de sentir el dolor de su ausencia, la de mi Emilia, bomboncito de praliné, mi pompón de vida, ojos de mar y alma de mariposa.

martes, 7 de abril de 2015

Libélulas y mariposas

Los días previos a la partida de Emilia la casa se nos llenó de bichos. El balcón estaba plagado de libélulas, de abajo del auto salían mariposas que nos revoloteaban alrededor, un pájaro quiso entrar al living y se dio contra el ventanal, vaquitas de San Antonio caminaban por las cortinas, grillos cantaban escondidos en las macetas y hasta un agilucho se posó un par de veces sobre el escape de la estufa de nuestra habitación. Esto empezó a suceder unos días antes del cateterismo y lo tomamos como una señal de buen augurio.
Ahora, en cambio, me gusta pensar que ya sabían que pronto iba a ser una de ellos y se agolparon, curiosos, en los umbrales de nuestra casa para venir a conocerla. Me los imagino cuchicheando, admirando su belleza, comentando lo bien que se vería como mariposa o como libélula, disputándosela, jugando muy seriamente a "piedra, papel o tijera" para ver quién se la iba a quedar en el primer turno.
Creo que ganó el equipo de las mariposas, porque al día siguiente de que Emilia partió, una mariposa chiquitita salió de debajo del auto y se posó sobre mi mano.
Desde entonces, cada vez que me cruzo con alguna de ellas agito mi llamador de ángeles -ese que usé desde el principio del embarazo para que le fuera familiar y que ahora sigo usando cada día, para que me encuentre fácil- y digo, como un canto: "Hola Emiliaaaa"... También me pongo inexplicablemente contenta cuando me sigue alguna libélula o cuando diviso algún pajarito.
Con facilidad la gente podrá pensar que estoy loca, pero a mí me reconforta.

La nube

A veces me pregunto si todo fue un sueño o si realmente existió; si Emilia fue mi hija, si la imaginé, si me la inventé. Miro una y otra vez esas bellísimas e insuficientes fotos y me sorprendo al recordar que hace dos meses y monedas la tenía conmigo, le cambiaba el pañal, le preparaba una mamadera, la bañaba, salía con ella, escuchaba su voz, era lo primero que veía al despertar y lo último que miraba antes de dormir... Son instantes de fuerte irrealidad en los que siento que miro la vida a través de una nube.
Después pasan y sigo, mitad autómata, mitad yo.

lunes, 30 de marzo de 2015

Volver a las andadas

La vida se renueva a pesar de todo, las esperanzas nunca se pierden, y acá estoy de nuevo, mañana tras mañana haciendo pis sobre un palito, esperando descubrir si ovulo, cuándo. Y otra vez los viejos miedos, el no saber si vamos a poder, la perspectiva de volver a encarar tratamientos de fertilidad, todos viejos conocidos a los que se suma la confusión propia del duelo que estamos haciendo.
Resulta que este mes ovulé el día 17 del ciclo. Resulta que tras que no somos la mar de la fertilidad mi cuerpo hace estas cosas copadas, ayudando a complicarlo todo. Y yo sin saber.
Cuántos meses no le habremos embocado ni de casualidad...

El sueño

Primero soñé que tenía otra hija. Era muy chiquitita, arrugada, rojiza y calma, y yo escrutaba impaciente cada milímetro de su cara de recién nacida para ver si se parecía a Emilia. Recuerdo pensar que era demasiado pronto para decir, y también que me sorprendía de cuánto comía. Recuerdo el gesto de apretarme el pecho izquierdo para que saliera leche por primera vez, y volver a ver ese puntito blanco, néctar de vida, emerger desde el fondo de mi ser a través del centro del pezón. Y luego las cosas se pusieron confusas y soñé lo que siempre rogué no soñar nunca: soñé que Emilia estaba en la cama donde la vi por última vez y que yo estaba sobre ella, cubriéndola por completo con mi cuerpo y mi calor. Yo charlaba tranquilamente con mi familia, como si hiciera rato que estuviéramos así, como si fuera normal. Y de pronto sucedía el milagro: ella apretaba sus párpados cerrados. Revivía. Resucitaba. Volvía a mi plano, estaba conmigo.
Aun en el sueño yo comprendía que había algo que no cerraba, y me preguntaba dónde había tenido su cuerpito todo este tiempo, de quién era entonces el cuerpo en el pequeño ataúd que yo misma, con mi marido, alcé en Chacarita. Igual, no importaba: de haber tenido tiempo mi mente hubiera inventado una justificación que le cuadre. Pero no, no lo hubo.
Y luego la horrible decepción de despertar.

lunes, 16 de marzo de 2015

El ejercicio

Le di besos en la boca. Todos los que me dijeron que no debía darle, todos se los dí y lo agradezco tanto. No me guardé ninguno en el tintero, se los llevó todos puestos.
Durmió conmigo, al lado mío, encima mío, en mis brazos, sobre mi falda, apoyada en mi hombro, en mis panza; durmió plácida y calma y feliz, a pesar de los "Mmmmhhh... cómo la vas a malcriar", y lo agradezco tanto, pero tanto.
Desde que pudimos traerla a casa jamás me separé de ella  más de seis horas (y fue una excepción, porque tuve que ir al médico y hubo una demora infernal) y no creo que hayan sido más de cinco las veces que salí sin ella en toda su vida. Y lo agradezco tanto.
Le canté mil canciones -siempre por la mitad porque soy malísima con las letras-, le inventé más apodos de los que puedo recordar, la desperté con alegría todas las veces que despertó, perdí la paciencia solo cuatro o cinco veces (que yo recuerde).
La bañé jugando, la cambié jugando, le di de comer jugando, la saqué a la calle jugando, la llevé al quirófano jugando. Y lo agradezco tanto.
La tuve, la hice nacer, la disfruté, le di la mejor vida que pude, la mejor vida que supe. Y ella me lo agradeció siendo ella. Tan hermosa, tan Emilia.
Si tuviera una llave que me permitiera dar vuelta el tiempo jamás de los jamases de la tierra de Nunca Jamás cambiaría los cinco meses y una semana que pudimos vivir juntas. Agradezco cada uno de esos instantes; valen absolutamente la pena que siento hoy.

*Gracias Maga por recordarme agradecer.

El difícil camino de mejorar

La mente nos tiende trampas todo el tiempo. Por lo menos la mía, que es bastante turrita. Desde que Emilia pasó a su nueva dimensión no volví a sentirme feliz, ni siquiera contenta, y me pregunto si alguna vez voy a volver a serlo. Por lo pronto, lo que está empezando a pasarme es que por unos breves instantes logro entusiasmarme con algo, ya sea un plan, un proyecto o una idea, pero zaz, apenas me hago consciente de esa sensación de bienestar recuerdo su ausencia y me da un pinchazo amargo en el corazón.
Y me entristezco. Y me siento culpable. Como si la traicionara, como si la olvidara.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Irreal

Estoy sentada otra vez frente a mi monitor, en la oficina. El mismo monitor en el que vi el número más maravilloso de mi vida, el 288, y frente al cual, 13 meses después, lloro varias veces al día de manera casi automática, entre tarea y tarea.
Volví a trabajar el lunes y estoy contenta, pero igual lloro. Lloro porque sí, porque la extraño, porque todavía no me lo creo, porque lo revivo con cada pregunta, con cada pésame, con cada abrazo en silencio. Lloro porque sí, porque estoy triste aunque me ría, porque me hace falta, porque no lo controlo, porque llorar parece haberse convertido en un ejercicio emocional incombatible, inevitable, instalado en este nuevo yo que soy a partir de ella, mi Emilia.

jueves, 5 de marzo de 2015

Volver

Mañana salimos para Buenos Aires. Siento que con cada uno de los muchos kilómetros que pateamos con IC -varios de los cuales hicimos llorando-, procesamos un poquito más toda esta aventura llamada Emilia, con todo lo hermoso y todo lo terrible que conllevó ese bellísimo pedacito de vida. Pero también siento que con esta lejanía pusimos entre paréntesis la vida allá, con el normal curso de las cosas. "Enfrentar" es lo que se me viene por delante, y me asusta.
El lunes se viene la vuelta a la oficina después de siete meses de ausencia y la ansiedad se resfriega las manos... De solo imaginarme un montón de gente a la que le importo NADA haciéndome preguntas por puro morbo me desmayo. No lo digo por mis compañeros de oficina que son el amor personificado, sino por toda esa gente con la que uno habla por teléfono, trabaja free lance, etc. y que mi mente jodida se imagina preguntando por mi amada Emilia mientras se pinta las uñas detrás de un mostrador. Ya sé que no va a ser así. Ya sé que seguramente mis compañeros advirtieron a todo el mundo. Seguramente nada va a ser tan terrible, pero qué ansiedad...

sábado, 28 de febrero de 2015

Un mes

Hoy hace un mes la llevamos a Emilia a que resuelva su destino. Antes de entrar al quirófano le hicieron un chequeo general y entre otras muchas cosas le revisaron las uñas, para ver que el color estuviera bien. Me dio un poco de vergüenza y otro poco de risa darme cuenta recién en ese momento de que tenía algo de mugre acumulada debajo de las uñas de los dedos gordos de los pies. Ahora me da orgullo, porque esa roña la había juntado el día anterior, saltando como loca en su jumper, sonriente, al ritmo de nuestros aplausos.
Así vivió ella: feliz, movediza, saltarina y serena, mi botón de vida, pedacito de mar. Y de eso me aferro para poder seguir. Me siento orgullosa de ella y también de nosotros.
Pero la extraño con cada célula, con cada glóbulo, con cada nervio, con cada cachito de piel. 



"Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco, llevándome."
Alejandra Pizarnik

martes, 17 de febrero de 2015

Tres semanas y un sueño

Mañana se cumplen tres semanas y la extraño cada día, cada minuto, cada segundo, con cada célula de mi cuerpo.
Desde que Emilia se hizo rayito de sol vengo despertándome cada día en medio de la noche. Supongo que algo me perturba, un sueño o algún pensamiento; sin embargo, hasta anoche no recordaba haberla soñado nunca. Pero ayer soñé con ella. Soñé que Emilia moría en mis brazos y que yo la arrullaba, la mimaba, la besaba, le cantaba suavecito, la acariciaba y la protegía hasta el final. En el sueño me sorprendía ver cuánto tardaba en apagarse. Finalmente ella se iba con una sonrisa en sus labios y mucha paz en su rostro. Creo que eso intenté darle hasta último momento, y creo que un poco lo logré. Supongo que por eso también me desperté sin culpa.
Pero la echo tanto de menos que cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar.

jueves, 12 de febrero de 2015

El ácido fólico

Lo confieso: estoy tomando ácido fólico otra vez. Amé tanto ser la mamá de Emilia que quiero volver a intentarlo, y parece que a IC le pasa igual.
Ella no va a volver, pero podemos sentir nuevamente ese amor infinito.
Cosmos: ¡danos una manito esta vez! Queremos la revancha.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Dos semanas, tres corazones

Caminamos como locos por las frías calles de Berlín. Ni el silencio, ni el orden, ni la belleza circundante de los parques y callecitas logran hacernos olvidar a nuestra pequeña Emilia, "la pulga que sopapea a todas las pulgas", como solía decirle yo, haciéndola reír. Su recuerdo es dolor por la ausencia, pero cada día aceptamos más. Bueno tal vez no es correcto usar el plural en este caso: yo acepto cada día más, IC está en una fase de odiar la vida por considerarla injusta; él siente que la vida te da para después quitarte. Yo pienso que Emilia vino como vino, con un corazoncito muy complicado y que nuestro milagro fue haber podido vivir con ella unos cinco meses increíbles, sin que se le revelara ni un solo síntoma. Esa fue la bendición, que nosotros tomamos como normalidad.
Hoy se cumplen dos semanas de su partida y siento que no voy a poder superar jamás mi animadversión hacia los miércoles.
Estos días pasó algo particular: cada día que salimos a caminar encontramos un corazón rojo de papel metalizado tirado en el suelo. Me causó sorpresa cuando me topé con el primero, porque recordé que ya me había pasado de encontrar uno una vez, en Buenos Aires, el día que nos casamos. Lo puse en la heladera agarrado con un imán. Desde que llegamos a Berlín encontramos un corazón por día, el primero lo vi yo, el segundo IC, el de ayer nuevamente yo.
Imposible no tentarse y pensar que nos los va mandando Emilia, mi corazón de algodón, mi pompón de cielo.

jueves, 5 de febrero de 2015

Una semana, un viaje

A las 23.05 hs del miércoles estábamos cenando en casa con IC, mi mamá y una amiga. Miré la hora y se me cerró la garganta: se cumplía una semana. Ahora ya hace más de una semana que Emilia está persiguiendo mariposas y yo por momentos siento que fue hace un milenio que sucedió todo, y en otros que la tengo que ir a buscar, que está durmiendo la siesta en mi cama.
Cada día estamos "mejor", tal como le prometimos. Puedo mirar sus fotos y vídeos sin terminar siempre llorando, pero el vacío, el silencio de la casa sin ella es demoledor.
Armamos un viaje de último momento: en un par de horas estamos partiendo hacia Berlín, donde vamos a quedarnos durante febrero. IC tiene una gran amiga que se ofreció a hospedarnos y nos está organizando actividades para ver si logra distraernos. Yo creo que el clima de allá, con su gris, con su bruma, con su llovizna, es perfecto para este momento.

martes, 3 de febrero de 2015

El miércoles, el horror

Se fue para el sanatorio preciosa, como siempre. Blanca como la nieve, ojos de cielo, charlando con sus grititos en el asiento de atrás del auto. Tengo la tranquilidad de haberla llevado al quirófano yo misma, haciéndola jugar y saludando a todos los que nos cruzamos en el camino. Me forcé a reír y hacer bochinche, como siempre, para que estuviera tranquila. Creo que lo logré. La recosté en la mesa de operaciones, le sostuve las manos hasta que la durmieron, le di un beso en su puñito izquierdo y me fui. Sé que no pasó más nada  en su conciencia, ella nunca llegó a sentir que yo ya no estaba físicamente a su lado. Solo lloriqueó un poquito cuando le pusieron la mascarilla, porque no le gustó el olor de la anestesia.
Fueron las horas más largas de mi vida y las pasé bordándole un corazón naranja, sentada en la sala de espera. Bordé y bordé, hasta que presentí que las cosas no iban bien. Nos vinieron a decir que mi leona la estaba peleando, pero que no la podían sacar del quirófano porque no lograban estabilizarla. Ahí arrancó la peor pesadilla de nuestra vida. Un par de horas después nos llamaron para que la veamos pasar: habían logrado detener la pérdida de sangre y la iban a subir a terapia intensiva. Nosotros saltamos de euforia, pero ahora me doy cuenta de que lo hicieron para que pudiéramos verla con vida por última vez.
Las horas que siguieron  hasta que nos avisaron que Emilia ya no estaba entre nosotros me van a quedar tatuadas en el alma como las peores de mi vida. Mi princesa, "la pulga que sopapea a todas las pulgas", se había ido a un lugar de luz, se había convertido en luz. ¿Quién puede reprochárselo? Ahí donde ella está no existen las operaciones que duran seis horas, ni los cateterismos, ni los ecocardiogramas, los electros o las radiografías, ni los remedios (que tomaba religiosamente sin chistar, hasta dormida, cuatro veces al día), ni las tediosas recuperaciones ni las cicatrices, ni el dolor. Ni la nostalgia.

P.D: les agradecemos de todo corazón sus hermosos comentarios. Se los hice leer a IC (que no es lector del blog) porque me resultaron genuinamente reconfortantes en un momento de gran dolor. Él se emocionó a la par mía. Claramente Emilia dejó una enseñanza a cada uno de nosotros. Atesorémosla.


jueves, 29 de enero de 2015

lunes, 26 de enero de 2015

El miércoles, la cirugía

Sí, llegó el día. Después del cateterismo todo se precipitó: nos llamaron de urgencia los cirujanos, vimos a la cardióloga y hace unos días nomás, el viernes pasado, nos confirmaron que a Emilia la operan el miércoles. Este miércoles 28 de enero.
El abismo se abre finalmente ante mí. Tengo mucha, pero mucha confianza en ella, en su fortaleza, en sus ganas de vivir. También confío mucho en el equipo de cirujanos que la va a operar. Pero el miedo... qué cosa más fea, qué enemigo duro de vencer.
En casa las cosas están bastante alocadas: contrariamente a lo que nos pasó siempre, que pudimos combatir los problemas muy unidos con IC, estas horas de tensión nos están enfrentando. En un momento estamos bien, en armonía, pensando en positivo y exorcizando el miedo juntos, y al siguiente, discutiendo como histéricos por cualquier pavada.
Estamos enfrentando esto como podemos, probablemente no de la mejor manera. Al mismo tiempo, intentamos disfrutar cada instante junto a Emilia, y tratamos de generarle la mayor tranquilidad posible.
Esta es definitivamente la situación más difícil que tuve que enfrentar en toda mi vida.
La operación va a durar alrededor de cinco horas y todavía no sé a qué hora empieza, pero supongo que a eso de las dos o tres de la tarde.
La que pueda, la que llegue a leer estas líneas a tiempo, la que lo desee, la que lo sienta, a la que le salga, por favor, piénsenos fuerte. Mi guerrera, mi leona, mi pequeña heroína, mi nube de azúcar, mi pompón de amor, mi copo de miel, mi sol, mi vida, mi todo y más aún nosotros lo vamos a necesitar.