martes, 11 de octubre de 2016

Reportándome desde el paraíso

No sé cuánto se tarda en tipiar la felicidad con una sola mano, pero en la otra sostengo a Elena, que duerme enganchada a la teta, así que me reduzco a la diestra. Pasan los días y pienso que tengo que escribir, y sin embargo el tiempo se me escurre a velocidad luz, se me va entre pañales, tetas, mamaderas, sacaleche, lavados de ropa tamaño mini con mucho rosa por todos lados, baños nocturnos, llantos, risas, el universo de la cotidianidad que me atrae, me succiona, me posee por completo, así, agotada por momentos y eufórica casi siempre, con dolor de espalda por tenerla (todo el tiempo) a upa, pegadita a mi, pero con la felicidad abrazada al cuerpo, colgando, chorreando.
Y sí, claro, también están los "problemas" cotidianos de las hormonas revueltas y el poco sueño, la lactancia que no se está dando como quisiera, tormentas de verano con IC por estar más irritables... en fin, piedritas en el camino que me recuerdan que la vida siempre es multicolor, y, sin embargo, cuando las pongo en perspectiva y rememoro lo que vivimos hasta llegar acá, hasta llegar a este hoy tan completo e incompleto, me parecen problemas de mentira, chistes de problema, problemas de los que esperaba ocuparme así, tan despreocupadamente, hace mucho tiempo. Mucho.

Mi pequeña suricata

P.D.: Gracias a todas por sus hermosos comentarios y buenos deseos para Elena, son un abrazo al corazón. Lo fueron en las malas... y lo son en las buenas. De nuevo, GRACIAS!

lunes, 29 de agosto de 2016

Y un día nació Elena...

Y mi corazón y mi alma recordaron ese amor gigante, visceral, eterno y perfecto que ya conocían y habían olvidado; ese amor sanador, reparador, universal, que renació y estalló en mil colores a las 9.50 del 25 de agosto. Un amor que inundó el quirófano en ese segundo suspendido en el tiempo, cuando IC me sostuvo la cabeza para que pudiera verla salir a la vida fuera de mi, puchereando, blanca, hermosa, mía...
Bienvenida Elena, bienvenida mi amor!

domingo, 21 de agosto de 2016

Dos años, Emilia

Hace dos años nacías, mi pulga, mi chiquitita ojos de mar, la gran luchadora de mi vida, mi gran amor; llegabas y me convertías en mamá, me mostrabas lo mejor de la vida, me hacías poner todo en perspectiva, me hacías mejor persona, más valiente, más corajuda, más amadora. En estos días tan especiales en los que estamos esperando que llegue tu hermana estás tanto o más presente que de costumbre, porque para que hoy yo sea esta mujer, y tu hermana esté acá a punto de nacer, y tu papá, y nuestra familia y amigos, para que todos nosotros seamos quienes somos y estemos donde estamos hizo falta que todo fuera exactamente como fue. Hizo falta que vos vinieras y nos enseñaras tanto, y nos mostraras tanto, y nos deslumbraras tanto, hizo falta un fuego tan profundo, tan fuerte, tan brillante como el tuyo para que pudiéramos ver las cosas bajo tu luz.
Te amo Emilia, para siempre, incondicionalmente.

Mamá.

lunes, 1 de agosto de 2016

Empezamos agosto

Arranca el mes que me traerá a Elena, y arranca mi licencia por maternidad, que en los papeles empezó el miércoles pasado, pero que en la realidad no se hizo efectiva sino hasta hoy, de tan tapada que estaba de trabajo. Y, mientras tanto, en este tiempo: 36 semanas cumplidas el viernes pasado, una panza gigante, una beba considerada con su mamá, que se mueve cada vez que me pregunto mentalmente "¿Cuánto hace que no se mueve?". Y una visita al consultorio de la obstetra que terminó en una cata de bombones que le acababan de regalar, porque sí, era la última paciente, y es todo tan relajado esta vez que ni la balanza ni el tensiómetro me arruinan momentos como esos, donde siento que soy una más, que todo está bien porque "es lo normal" (JA). Un curso de preparto abandonado en la mitad, del que aprendí lo justo y necesario (lo daba una señora de 82 años, el curso no era exactamente lo que estábamos buscando, aprendí a respirar y a pujar, pero me permití huir cuando me di cuenta de que no íbamos a salir nunca de ese loop infernal); una excursión con mi mamá al barrio de las telas para comprar las cortinas de mi chiquita; un escritorio pintado para convertirlo en cambiador, una habitación que me permito preparar con tiempo, que disfruto convirtiendo en la habitación de Elena, esperándola. Y siempre, en el fondo del paladar, esa sensación de magia, de bendición, de regalo infinito, de fortuna infinita, de arcoiris al final del camino, esa emoción que me embarga de saber que esto que estoy viviendo es un sueño hecho realidad, y que estoy lista para recibirlo. 
Hola Elena, mi amor, te estamos esperando.

jueves, 7 de julio de 2016

33 semanas y una clase de preparto

Estamos llegando a la recta final, y conocer a Elena es un sueño que ya puedo acariciar con las puntas de los dedos. Me quedan exactamente 11 madrugones por delante y arranco con la licencia por maternidad. Me siento perfectamente, pero estoy pesada, me cuesta mucho despertarme por la mañana; la panza se me pone dura aunque viaje sentada en el colectivo; camino cinco cuadras y en seguida tengo que bajar el ritmo de la marcha porque de nuevo la panza dura, etc., pavadas todas, pero señales de que mi cuerpo necesita más reposo, así que estoy contando los días para poder quedarme, por fin, en casa.
Ayer empezamos el curso de preparto: lo da una señora muy mayor y muy dulce, que tuvo 7 hijos, y que me emocionó en más de una oportunidad con sus reflexiones y relatos. Es tan deseado este momento que todo se vive con una intensidad explosiva. Aprendimos respiraciones y jadeos, cómo puede ayudar la pareja, etc. No sé cuánto de todo eso se pondrá o no en práctica, pero es de nuevo la magia de saber que esto es real y que me está pasando lo que me maravilla. Y voy al curso de preparto y jadeo, y me concentro, porque es el disfrute por anticipado. Es prepararnos para traer a mi chiquita del lado de afuera de mi cuerpo. No lo puedo creer, finalmente, va a estar acá ♥

lunes, 27 de junio de 2016

Ecografía 4 D

"¿Lo decís vos o lo digo yo?", le tiré a IC ni bien salimos, con las narices y ojos colorados, abollando pañuelitos descartables después de hacer la ecografía 4D. "Sí -me contestó él, anticipándose- son un calco". Es que ni bien asomó en cámara nuestra pequeña ranita, nuestra hijita arco iris, botón de vida, ahí, toda seria al principio y sonriente después, con sus ojitos que se abrían y cerraban como ejercitándose a ver, ambos vimos lo mismo: las hermanas se parecen. La misma nariz, el mismo corte de cara, no sé, algo, ahí, marcando el lazo invisible entre ambas, ese hilo rojo que tal vez solo nosotros veamos, que nos enorgullece y nos emociona en partes iguales; Elena, la bella y luminosa Elena, tan Elena y tan familia, tan hija y tan hermana, singular, única y también compartida. Y fue llorar de alegría mientras la veíamos agitar sus manos y fruncir el ceño, abrir la boca, sacar la lengua, ponerse las manos en la cara, sonreír, moverse, vivir y latir, en la panza redonda y gigante. Y fue llorar de alegría, mientras escuchábamos decir "Está todo perfecto, chicos, tranquilos", porque sí, por eso de que siempre lo normal nos resuena a una bendición que no terminamos de asumir; pero también fue llorar de tristeza, de añoranza, de "saudade", de emociones movidas y alborotadas porque sí, Elena, con todo nuestro corazón te esperamos Elena, y sí Emilia, todo nuestro corazón también es tuyo, te amamos y te extrañamos, hija, para siempre.
 

martes, 14 de junio de 2016

¿Un parto vaginal?

Cuando nazca Elena van a haber transcurrido (exactamente) dos años desde la cesárea de Emilia. Yo sé que hoy en día ya no se considera como antaño que una cesárea implica sí o sí otra cesárea, pero también intuía que "lo más fácil/cómodo" para mi obstetra sería programar un día y "te veo en el quirófano". Por eso la última vez que la fui a ver saqué tímidamente -y abriendo mucho el paraguas- el tema: "Ya sé que falta un montón todavía... peeeero para irme haciendo a la ideeeea, quería saber sin considerás que sí o sí voy a cesárea o si podemos arriesgarnos a intentar un parto natural", le tiré sobre la mesa mientras me completaba unas órdenes. "¿Vos qué querés?", fue lo primero que me preguntó, y esa sola pregunta me recordó porqué la quiero tanto y porqué confío tanto en ella. "Y... a mí me gustaría intentar un parto natural". Y así fue como me explicó que para que tuviera un parto vaginal tenían que darse muchas condiciones:

1) Que tuviera líquido amniótico suficiente como para esperar el tiempo que haga falta porque
2) Después de una cesárea no se puede usar oxitocina para desencadenar el parto, ya que las contracciones que provoca pueden ser muy violentas y llegar a romper el útero (claramente no queremos eso)
3) O sea que tanto Elena como yo tenemos que estar óptimas como para poder aguantar hasta que se desencadene solo el parto
4) Tengo que estar dispuesta a que sea un parto muy natural, con poca anestesia e interviniendo lo más tarde posible
5) Y tengo que ser consciente de que tengo probablemente altas chances de terminar en cesárea porque al primer riesgo de nada "no voy a dudar en lo más mínimo y te la voy a hacer".

Yo solo escuchaba "existe la posibilidad", "existe la posibilidad" y estaba contenta como perro con dos colas.
-"Bueno, entonces existe una posibilidad...".
-"Digamos que no tenés un 'no' rotundo. Vamos viendo cómo se va dando todo. Pero sí, existe una posibilidad".

Felicidad extrema ♥