domingo, 19 de febrero de 2017

2015-2017

Creí que este año iba a ser más fácil, porque “ya sabía a lo que me enfrentaba”. Además, está Elena, con su luz y alegría arrolladora, expansiva, llenándonos de amor, y pensé que eso lo iba a hacer más llevadero. Encima de vacaciones, coronando una semana de descanso en el campo… no podía ser tan terrible, así, distraídos, con el sol, las chicharras, la pileta y las salidas, el asombro de Elena frente a todo, cada hojita, el sonido del viento, las piedritas de la entrada, los perros, las vacas en el fondo del horizonte…

Me equivoqué.

Fue un día horrible como sospecho será cada 28 de enero de acá al último que me toque transitar. Un día para borrar del calendario, para tachar hasta volverlo invisible, para arrancar la hojita correspondiente; un día para no vivir, para dormirlo, hacer de cuenta que no existe. Pero no, hay que enfrentarlo. Entonces las horas vienen unidas a los recuerdos y empiezan a desfilar ante mis ojos como imágenes traslúcidas, que voy reviviendo paralelamente, desde que me levanto hasta que me acuesto: la última mamadera a las 10 de la mañana; la partida a la clínica al mediodía; el tiempo de espera infernal en la sala de admisiones, revueltos por los nervios y el miedo que duele en el cuerpo, el corazón galopándome sordo en el pecho; el esfuerzo descomunal de sonreírle todo el tiempo para calmarla, como si fuera normal que le pongan esa cofia, como si fuera normal el baño químico o tenerla en brazos del lado de afuera del área de los quirófanos y vestirme como pitufo y llevarla en silla de ruedas intentando jugar y hacerla reír, con el alma en vilo, con la angustia rebalsándome del pecho, con el deseo de huir, de huir bien lejos, de agarrarla y correr hasta donde no hayan malas noticias ni ventrículos únicos. Pero no, hay que entrar, y entonces entro al quirófano refrigerado y la apoyo sobre el colchoncito que tira aire, y todo en un segundo empieza a acelerarse: la máscara de oxígeno, el gas que la duerme, verla llorar por última vez; no hay tiempo para despedidas, pero no quiero irme, no todavía; el reloj los corre y me expulsa. Me acompañan a la salida y apenas alcanzo a darle en su manito izquierda el beso más profundo y amoroso que el vértigo quirúrgico me permite. Salgo doblada y recorro los pasillos llorando muda y desesperada, siento el abrazo del cirujano que me secunda y lo oigo decir algo así como “acá todos somos papás y sabemos lo que estás pasando, vamos a hacer todo por ella, quedate tranquila”; le creo desesperadamente mientras salgo de ahí y me abrazo con IC, que me espera afuera, en el pasillo, desfigurado de miedo igual que yo.

Y después solo el horror. Las horas agónicas, la horrenda espera, las malas noticias del cirujano, seguir esperando, esperar el milagro, implorarle al universo que nos la deje, recorrer los pasillos rezando/llorando/pidiendo/rogando/explotando por dentro, y más tarde correr por el pasillo cuando nos dan la señal, verla pasar por última vez, darle el último beso que le daríamos jamás y rogarle que aguante, que resista, que sea fuerte, que mamá está ahí, esperándola. Y más espera, el café que se  atraganta, los mensajes, las cadenas de oración, la fe, la esperanza, Emilia la leona, la pulga que sopapea a todas las pulgas, vas a poder, vas a salir, pero de pronto se escuchan las alarmas de la terapia pediátrica y llegan más malas noticias, el paro cardíaco, el intento de resucitación, el médico dando rodeos en ese pasillo angosto para no ser él quien nos dijera que no, que no pudo ser, que Emilia se había puesto las alas para irse volando de ahí, cambiándonos la vida para siempre, a las 23.05 del día más triste de mi mundo.

Y dan las 23.05 acá, de este lado de mi vida, esté donde esté, el año pasado en Córdoba, este año en Azul, y la angustia me comprime la garganta por última vez en el día. Siento que se cierra el ciclo, por un año más. Me prendo el único cigarrillo del año, igual que aquella vez, y lo fumo en silencio, mientras busco alguna estrella particularmente brillante y la imagino por ahí, circulando en el aire, acariciándome etérea. Mi hermosa Emilia, la de los ojos de mar. Mi dulce, amada, preciosa Emilia, que extraño tanto; intento sentirla por ahí, revoloteando en el canto del viento, en el arrullo de las hojas que se mecen... 


Y finalmente entro, me lavo los dientes y las manos para sacarme ese olor que ya no acostumbro a llevar y me acerco a la cama para admirar a Elena que duerme. Elena, la tierna y dulce Elena, redonda, ajena, duerme en su mundo de leche y felicidad. La abrazo lo más fuerte que puedo sin despertarla, y me preparo yo también para ir a dormir.


Dos años sin vos, amorcita de mamá

21 comentarios:

  1. ... y como hace dos años, caen lágrimas al otro lado del mar. Recuerdo ese dia perfectamente...
    Hoy miro a mi pequeño, el que hace 2 años era solo un sueño, una lucha, y pienso en la leoncita Emilia... y se me hiela la sangre y no puedo ni imaginar por un segundo vuestra tristeza.
    Os abrazo otra vez, muy muy fuerte..
    Alba

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  2. Qué dolor, amiga, lo siento tanto, tanto, tanto...

    No hay palabras, solo lágrimas y abrazos virtuales, solo ánimos para sobrellevar una vida de ausencia y presencia eternas.

    ¡Se os quiere mucho desde el otro lado del charco!

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  3. Ella vive en nuestros corazones. Aquel día se nos heló el alma a todos los que seguíamos vuestra historia. Un abrazo para ambos.

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  4. En su recuerdo perdura su sonrisa y espero que su fuerza, esa fuerza que os deseo de todo corazón para seguir adelante.

    Muchos besos familia.

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  5. Que dolor tan grande ! Jamas la vas a olvidar, pero tenes un motivo hermoso para ser feliz, Dios te lo mandó

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  6. No entro a penas pero tu relato tan desgarrador me rompe el alma una vez más...y ahora con mi hija entre los brazos duele aún más pensar en perderla. Eres una Mama con mayúsculas y Emilia lo supo lo sabe y lo sabrá. Un abrazo desde el otro lado del charco.

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  7. Emilia será amor y dolor eterno. Así ha de ser, no queda otra. Mucho ánimo para sobrellevar su ausencia y mucho amor y alegría para celebrar el regalo más hermoso que os pudo mandar, a Elena! Un beso desde el otro lado del charco, amiga.

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  8. ¿Cómo olvidar a la leona Emilia? Un abrazo fuerte fuerte desde el otro lado del charco

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  9. Y dos años después vuelvo a llorarla sin haberla conocido. Y además se fue el dia de mi cumpleaños. Descansa en paz allí donde estés.

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  10. Mientras te leía no pude evitar ponerme en tu lugar y sentir tu dolor. Te abrazo fuerte fuerte fuerte...Emilia fue y es muy amada por ustedes y por todos los que sabemos de ella

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  11. Dios cómo la estoy llorando a tu niña. Igual que lloro a todos los embriones que perdí en mis intentos. Te mando mil besos.

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  12. Te escribí una vez y lo vuelvo hacer... Emilia vive en mucha gente es una pequeña grande, y a ti te abrazo fuerte porque poco más se puede hacer.

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  13. Me emociono tanto leerte, imagine cada instante que me dolió el alma. No puedo imaginar mi vida sin Alicia con tus palabras demostraste en forma gráfica lo que sientes. Desde el otro lado de la cordillera te deseo lo mejor junto a Elena ♥♥♥

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  14. ay mi querida....No pude sostener la lectura...lloré mucho por Emilia y me alegre de corazón por Elena. Hay vivencias que generan heridas cortes tan profundos que no se superan. Me parece que nos acompañan siempre

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  15. esos tajos que queman la piel. que laceran. supongo que asi sera, como asi tambien sera que tu Emilia llena de mariposas cualquier mundo. no es asi?
    un abrazo hermosa, apretado y calido como abrigo para este momento

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  16. Tus dos angelitos, reina... la de aquí en la tierra, y la que las cuida en el cielo...
    Muchos besos y mucha fuerza, super mamá.


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  17. te mando un beso enorme, en silencio, con apretujón.

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  18. 2 años después.... lagrimones de nuevo. Descansa, Emilia, leona.

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  19. 2 años después.... lagrimones de nuevo. Descansa, Emilia, leona.

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  20. No te conozco pero como padre que se vuelve loco porque no le pase nada a sus hijos te acompaño con una oración para que estes lo mejor que puedas. Te deseo lo mejor

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  21. Te mando todo mi amor, mi abrazo, mi energía. Que sane ese dolor y se transforme de a poquito en una luz que te envuelva durante toda la vida. Qué preciosita miamor. Besos al aire, mariposas y estrellas brillantes. Sos una madre excelente de tus dos hijitas.

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