miércoles, 11 de febrero de 2015
Dos semanas, tres corazones
Hoy se cumplen dos semanas de su partida y siento que no voy a poder superar jamás mi animadversión hacia los miércoles.
Estos días pasó algo particular: cada día que salimos a caminar encontramos un corazón rojo de papel metalizado tirado en el suelo. Me causó sorpresa cuando me topé con el primero, porque recordé que ya me había pasado de encontrar uno una vez, en Buenos Aires, el día que nos casamos. Lo puse en la heladera agarrado con un imán. Desde que llegamos a Berlín encontramos un corazón por día, el primero lo vi yo, el segundo IC, el de ayer nuevamente yo.
Imposible no tentarse y pensar que nos los va mandando Emilia, mi corazón de algodón, mi pompón de cielo.
jueves, 5 de febrero de 2015
Una semana, un viaje
A las 23.05 hs del miércoles estábamos cenando en casa con IC, mi mamá y una amiga. Miré la hora y se me cerró la garganta: se cumplía una semana. Ahora ya hace más de una semana que Emilia está persiguiendo mariposas y yo por momentos siento que fue hace un milenio que sucedió todo, y en otros que la tengo que ir a buscar, que está durmiendo la siesta en mi cama.
Cada día estamos "mejor", tal como le prometimos. Puedo mirar sus fotos y vídeos sin terminar siempre llorando, pero el vacío, el silencio de la casa sin ella es demoledor.
Armamos un viaje de último momento: en un par de horas estamos partiendo hacia Berlín, donde vamos a quedarnos durante febrero. IC tiene una gran amiga que se ofreció a hospedarnos y nos está organizando actividades para ver si logra distraernos. Yo creo que el clima de allá, con su gris, con su bruma, con su llovizna, es perfecto para este momento.
martes, 3 de febrero de 2015
El miércoles, el horror
Fueron las horas más largas de mi vida y las pasé bordándole un corazón naranja, sentada en la sala de espera. Bordé y bordé, hasta que presentí que las cosas no iban bien. Nos vinieron a decir que mi leona la estaba peleando, pero que no la podían sacar del quirófano porque no lograban estabilizarla. Ahí arrancó la peor pesadilla de nuestra vida. Un par de horas después nos llamaron para que la veamos pasar: habían logrado detener la pérdida de sangre y la iban a subir a terapia intensiva. Nosotros saltamos de euforia, pero ahora me doy cuenta de que lo hicieron para que pudiéramos verla con vida por última vez.
Las horas que siguieron hasta que nos avisaron que Emilia ya no estaba entre nosotros me van a quedar tatuadas en el alma como las peores de mi vida. Mi princesa, "la pulga que sopapea a todas las pulgas", se había ido a un lugar de luz, se había convertido en luz. ¿Quién puede reprochárselo? Ahí donde ella está no existen las operaciones que duran seis horas, ni los cateterismos, ni los ecocardiogramas, los electros o las radiografías, ni los remedios (que tomaba religiosamente sin chistar, hasta dormida, cuatro veces al día), ni las tediosas recuperaciones ni las cicatrices, ni el dolor. Ni la nostalgia.
P.D: les agradecemos de todo corazón sus hermosos comentarios. Se los hice leer a IC (que no es lector del blog) porque me resultaron genuinamente reconfortantes en un momento de gran dolor. Él se emocionó a la par mía. Claramente Emilia dejó una enseñanza a cada uno de nosotros. Atesorémosla.
jueves, 29 de enero de 2015
lunes, 26 de enero de 2015
El miércoles, la cirugía
El abismo se abre finalmente ante mí. Tengo mucha, pero mucha confianza en ella, en su fortaleza, en sus ganas de vivir. También confío mucho en el equipo de cirujanos que la va a operar. Pero el miedo... qué cosa más fea, qué enemigo duro de vencer.
En casa las cosas están bastante alocadas: contrariamente a lo que nos pasó siempre, que pudimos combatir los problemas muy unidos con IC, estas horas de tensión nos están enfrentando. En un momento estamos bien, en armonía, pensando en positivo y exorcizando el miedo juntos, y al siguiente, discutiendo como histéricos por cualquier pavada.
Estamos enfrentando esto como podemos, probablemente no de la mejor manera. Al mismo tiempo, intentamos disfrutar cada instante junto a Emilia, y tratamos de generarle la mayor tranquilidad posible.
Esta es definitivamente la situación más difícil que tuve que enfrentar en toda mi vida.
La operación va a durar alrededor de cinco horas y todavía no sé a qué hora empieza, pero supongo que a eso de las dos o tres de la tarde.
La que pueda, la que llegue a leer estas líneas a tiempo, la que lo desee, la que lo sienta, a la que le salga, por favor, piénsenos fuerte. Mi guerrera, mi leona, mi pequeña heroína, mi nube de azúcar, mi pompón de amor, mi copo de miel, mi sol, mi vida, mi todo y más aún nosotros lo vamos a necesitar.
miércoles, 14 de enero de 2015
Prueba superada
Prueba superada para la leona de casa, que entró casi dormida al cateterismo, después de haberse dejado hacer de todo y siempre con buen humor, y para los papás, que pasamos el momento con más calma de la que nos creíamos capaces.
Yo estuve divina, cantándole, haciéndola reír y dormir alternadamente hasta que se la entregué en brazos al anestesista. Ahí: buuuaaahhh para aflojar. Cuarenta y cinco minutos después, clavados, salió uno de los médicos a decir que el estudio ya estaba, que había salido bien, sin complicaciones. Le agradecí, le sonreí, me di vuelta y otro buuuaaahhh para aflojar. Y así toda la tarde.
Ahora estamos en una habitación en terapia intermedia, en pediatría; ella duerme y nosotros nos recuperamos.
Lo pasamos, ella puede, podemos.
miércoles, 7 de enero de 2015
La bronquiolitis y el cateterismo
El 31 Emilia despidió el año que la vio nacer con una tos sospechosa, que para el 1° ya era un catarro feo. Allá fuimos, a la guardia. Puede parecer que estamos locos, pero no: teníamos que enfrentar un cateterismo el 16, y la anestesia y los mocos en los pulmones es sabido que no se llevan. Por eso decidimos malograr el primer día de 2015 en el sanatorio -donde terminaron pinchándola dos veces para sacarle sangre, etc.- antes de que pase a mayores.
Pero pasó, y Emilia terminó con su primera bronquiolitis, que fue sorteando Ventolin mediante. En el medio del caos, un llamado para adelantar el cateterismo al 14 de enero nos terminó de liquidar con el estrés. Por suerte la chiquita de la casa salió adelante como una campeona y revisación acá, revisación allá, tenemos el ok de sus médicos para proceder.
Tuve mucho miedo, un miedo hormonal e irracional que me tuvo dos días llorando por los rincones. Me contagié su virus, me corté un dedo, me enojé y desenojé con IC tres veces, con una amiga una vez, con un par de médicos innumerables veces. En general nunca tuve razón, salvo con IC porque siempre considero que tengo alguna razón, sea cierto o no.
O sea, estuve insoportable.
Luego comí mucho y rico, me mimaron y mimé, miré Netflix a morir, y así junté coraje y también mis pedacitos y me dispuse a ponerme fuerte para ella.
Ahora me siento la mujer maravilla, el rey León, Sansón, Goliat, He-Man, el papá de La vida es bella, que se yo, todos los héroes juntos. Estoy, confiada, optimista, pensando que solo es un estudio, que va a salir todo bien y que tengo que reflejar mucha paz en los ojos para cuando ella la necesite.
El 14 a las 14, allí estaremos!