lunes, 16 de marzo de 2015

El ejercicio

Le di besos en la boca. Todos los que me dijeron que no debía darle, todos se los dí y lo agradezco tanto. No me guardé ninguno en el tintero, se los llevó todos puestos.
Durmió conmigo, al lado mío, encima mío, en mis brazos, sobre mi falda, apoyada en mi hombro, en mis panza; durmió plácida y calma y feliz, a pesar de los "Mmmmhhh... cómo la vas a malcriar", y lo agradezco tanto, pero tanto.
Desde que pudimos traerla a casa jamás me separé de ella  más de seis horas (y fue una excepción, porque tuve que ir al médico y hubo una demora infernal) y no creo que hayan sido más de cinco las veces que salí sin ella en toda su vida. Y lo agradezco tanto.
Le canté mil canciones -siempre por la mitad porque soy malísima con las letras-, le inventé más apodos de los que puedo recordar, la desperté con alegría todas las veces que despertó, perdí la paciencia solo cuatro o cinco veces (que yo recuerde).
La bañé jugando, la cambié jugando, le di de comer jugando, la saqué a la calle jugando, la llevé al quirófano jugando. Y lo agradezco tanto.
La tuve, la hice nacer, la disfruté, le di la mejor vida que pude, la mejor vida que supe. Y ella me lo agradeció siendo ella. Tan hermosa, tan Emilia.
Si tuviera una llave que me permitiera dar vuelta el tiempo jamás de los jamases de la tierra de Nunca Jamás cambiaría los cinco meses y una semana que pudimos vivir juntas. Agradezco cada uno de esos instantes; valen absolutamente la pena que siento hoy.

*Gracias Maga por recordarme agradecer.

El difícil camino de mejorar

La mente nos tiende trampas todo el tiempo. Por lo menos la mía, que es bastante turrita. Desde que Emilia pasó a su nueva dimensión no volví a sentirme feliz, ni siquiera contenta, y me pregunto si alguna vez voy a volver a serlo. Por lo pronto, lo que está empezando a pasarme es que por unos breves instantes logro entusiasmarme con algo, ya sea un plan, un proyecto o una idea, pero zaz, apenas me hago consciente de esa sensación de bienestar recuerdo su ausencia y me da un pinchazo amargo en el corazón.
Y me entristezco. Y me siento culpable. Como si la traicionara, como si la olvidara.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Irreal

Estoy sentada otra vez frente a mi monitor, en la oficina. El mismo monitor en el que vi el número más maravilloso de mi vida, el 288, y frente al cual, 13 meses después, lloro varias veces al día de manera casi automática, entre tarea y tarea.
Volví a trabajar el lunes y estoy contenta, pero igual lloro. Lloro porque sí, porque la extraño, porque todavía no me lo creo, porque lo revivo con cada pregunta, con cada pésame, con cada abrazo en silencio. Lloro porque sí, porque estoy triste aunque me ría, porque me hace falta, porque no lo controlo, porque llorar parece haberse convertido en un ejercicio emocional incombatible, inevitable, instalado en este nuevo yo que soy a partir de ella, mi Emilia.

jueves, 5 de marzo de 2015

Volver

Mañana salimos para Buenos Aires. Siento que con cada uno de los muchos kilómetros que pateamos con IC -varios de los cuales hicimos llorando-, procesamos un poquito más toda esta aventura llamada Emilia, con todo lo hermoso y todo lo terrible que conllevó ese bellísimo pedacito de vida. Pero también siento que con esta lejanía pusimos entre paréntesis la vida allá, con el normal curso de las cosas. "Enfrentar" es lo que se me viene por delante, y me asusta.
El lunes se viene la vuelta a la oficina después de siete meses de ausencia y la ansiedad se resfriega las manos... De solo imaginarme un montón de gente a la que le importo NADA haciéndome preguntas por puro morbo me desmayo. No lo digo por mis compañeros de oficina que son el amor personificado, sino por toda esa gente con la que uno habla por teléfono, trabaja free lance, etc. y que mi mente jodida se imagina preguntando por mi amada Emilia mientras se pinta las uñas detrás de un mostrador. Ya sé que no va a ser así. Ya sé que seguramente mis compañeros advirtieron a todo el mundo. Seguramente nada va a ser tan terrible, pero qué ansiedad...

sábado, 28 de febrero de 2015

Un mes

Hoy hace un mes la llevamos a Emilia a que resuelva su destino. Antes de entrar al quirófano le hicieron un chequeo general y entre otras muchas cosas le revisaron las uñas, para ver que el color estuviera bien. Me dio un poco de vergüenza y otro poco de risa darme cuenta recién en ese momento de que tenía algo de mugre acumulada debajo de las uñas de los dedos gordos de los pies. Ahora me da orgullo, porque esa roña la había juntado el día anterior, saltando como loca en su jumper, sonriente, al ritmo de nuestros aplausos.
Así vivió ella: feliz, movediza, saltarina y serena, mi botón de vida, pedacito de mar. Y de eso me aferro para poder seguir. Me siento orgullosa de ella y también de nosotros.
Pero la extraño con cada célula, con cada glóbulo, con cada nervio, con cada cachito de piel. 



"Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco, llevándome."
Alejandra Pizarnik

martes, 17 de febrero de 2015

Tres semanas y un sueño

Mañana se cumplen tres semanas y la extraño cada día, cada minuto, cada segundo, con cada célula de mi cuerpo.
Desde que Emilia se hizo rayito de sol vengo despertándome cada día en medio de la noche. Supongo que algo me perturba, un sueño o algún pensamiento; sin embargo, hasta anoche no recordaba haberla soñado nunca. Pero ayer soñé con ella. Soñé que Emilia moría en mis brazos y que yo la arrullaba, la mimaba, la besaba, le cantaba suavecito, la acariciaba y la protegía hasta el final. En el sueño me sorprendía ver cuánto tardaba en apagarse. Finalmente ella se iba con una sonrisa en sus labios y mucha paz en su rostro. Creo que eso intenté darle hasta último momento, y creo que un poco lo logré. Supongo que por eso también me desperté sin culpa.
Pero la echo tanto de menos que cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar.

jueves, 12 de febrero de 2015

El ácido fólico

Lo confieso: estoy tomando ácido fólico otra vez. Amé tanto ser la mamá de Emilia que quiero volver a intentarlo, y parece que a IC le pasa igual.
Ella no va a volver, pero podemos sentir nuevamente ese amor infinito.
Cosmos: ¡danos una manito esta vez! Queremos la revancha.