miércoles, 14 de mayo de 2014

El cirujano

Nos mostró un póster con formas de corazones normales y anormales y trató de explicarnos qué es lo que tiene Emilia haciendo un rejunte de problemas. "Es muy complejo, es muy serio, pero nosotros vamos a dar todo por ella", nos dijo, y eso es todo lo que necesitaba oír. Para él era una mala noticia tener que decirme que la iban a operar tres veces (la primera a los pocos días de nacida, la segunda a los cinco o seis meses y la tercera alrededor de los dos años y medio), pero en la realidad paralela en la que yo vivo desde que me enteré de su cardiopatía lo que escuché decir es: "lo vamos a intentar", "no todo está perdido", "no es una opción sentarnos de brazos cruzados a verla morir", y fue realmente un gran alivio sentir que alguien tan sereno sentado frente a nosotros sabe exactamente qué es lo que hay que hacer. Así que cuando salí del consultorio lloré como siempre que salimos de alguna consulta que concierne a mi luciérnaga, pero solo para aflojar tensiones, para relajar y sacar esos nervios y ese miedo que se me habían acumulado disimuladamente, esa preocupación frente a un potencial "no hay nada para hacer" que por suerte no oí. 
Después me fui a mi casa, me recosté sobre la cama, puse sobre mi panza la piedra de cuarzo rosado para el corazón que nos dio mi hermana y me dediqué, feliz, a ver como mi Emilia la pateaba hasta hacerla saltar.
Seguimos

4 comentarios:

  1. Ese "seguimos" lo dice todo. Me alegra que hayan encontrado la persona idónea para que Emilia tenga todas las posibilidades. Un abrazo enorme y mucha luz para esa panza!

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  2. Faahh nena qué fuerte, hacía mucho que no pasaba y quedé helada leyendo todo. Te mando un abrazo y mucha esperanza y energía a esa piedra de cuarzo, para que la amplifique sobre ustedes dos.

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    1. Gracias Renata, todo buen pensamiento nos agrega un poco más de fuerza! Beso grande :)

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