jueves, 15 de mayo de 2014

Soy chota

Sí, me llegó el día de sentirme una persona de mierda, una amiga de mierda: ayer N. me escribió ni bien salió del scan fetal que todo salió perfecto, que espera un varón que está óptimo, y me invadió la alegría y el alivio por mi amiga y su bebé, pero también el dolor agudo y punzante de la envidia, el deseo frustro de estar en ese lugar de bienestar y felicidad despreocupada, y no inmersa en la nebulosa de dudas, hipótesis e indefiniciones en la que estoy nadando desde hace dos semanas.
Creo que el eje de esta sensación abrumadora y contradictoria viene del hecho de que el novio de N. tiene una malformación congénita en el corazón: lo tiene del lado derecho, y tiene un par de arterias que no se sabe bien para dónde van. O sea: tienen riesgo de tener un hijo con cardiopatía. No tanto como si fuera la madre la del problema, pero tienen. Por el contrario, nosotros no tenemos antecedentes, supuestamente no teníamos más chances que las que el azar nos quiso dar. Y acá estamos. Eso es lo que me desequilibró. Ni siquiera me atrevo a pensar que lo que quisiera es cambiar lugares porque NO, de ninguna manera quisiera que a ella le vaya mal, pero fue la única situación hasta ahora que me llevó a la inconducente pregunta de "¿Por qué a nosotros?". Dos minutos después me sentí asqueada. Asqueada y cansada de mí, de esa clase de pensamientos, de mi mezquindad, de la situación, del agotamiento de no haber transitado ni un día desde el 25 de abril sin haber llorado aunque más no sea un minuto.
Después me consolé pensando que es normal, que soy humana, que sería la madre Teresa de Calcuta si ni siquiera me atreviera a pensar en lo injusto que es todo. Porque sí, siento que esto es injusto, que estuvimos un montón de años intentando llegar hasta acá, que fueron muchas frustraciones y muchos meses vacíos, que hubo un bebé que no pudo seguir y que avanzamos aun con ese pequeño duelo mediante, que luego le pusimos el cuerpo, el alma y el bolsillo a un tratamiento que no funcionó y que finalmente cuando todo parecía terminar en el happy ending que creí que merecíamos, zas, nos cae este balde de cubitos encima.
Me sentí abrumada y abatida.
Por eso cuando salí de la oficina me fui a pasear. Caminé por ahí y compré una libretita monona para Emilia, para ir anotando todos sus turnos y sus doctores y sus teléfonos, y también para recordar todo lo que va pasando, con la esperanza de que algún día pueda leerlo a la distancia y esbozar una sonrisa amarga y aliviada. Y también me regalé mi primer momento de gorda embarazada: me fui a un lindo bar y pedí un cafe con leche mitad y mitad con una enorme porción de cheesecake rebosante de frutos del bosque que caían por doquier. Y así, entre cucharadas y emociones, volví lentamente a sentirme yo.

4 comentarios:

  1. Bienvenida al planeta tierra, sos muy humana! Emilia es muy suertuda, y no te lo digo de comedida ni nada. Ustedes se encontraron y transitan juntas este desafío y aprenden y viven esta vida y son lo mejor que cada podía ser para la otra. Besos!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, muy linda perspectiva, muy muy linda :)

      Eliminar
  2. No te sientas culpable, sos humana, a todas nos pasa algo parecido alguna vez!! Te mando un beso!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pero viste que es feo pasar por eso, uno se siente tan mezquino!! :/ Igual mil gracias, me hace sentir bien saber que no solo soy yo jajaja! Beso grande y buen finde! <3

      Eliminar